La verdad suele ser la primera víctima de las guerras, por la sencilla razón de que la información o desinformación se convierte en un arma más en las hostilidades. Los bandos beligerantes tratan de engañarse recíprocamente y con ello desconciertan a todo el mundo, incluso a ellos mismos. Por eso, lo que parecía ser hechos confirmados, pocas horas después son desmentidos, cuestionados o calificados de tal manera que ya no significan lo que al comienzo se dijo. Los periodistas lo saben e instintivamente desconfían de las informaciones que les ofrecen las partes interesadas en el conflicto. El periodismo es siempre un quehacer difícil y riesgoso, pero en tiempos de crisis ser periodista es casi suicida. Se trata de una especie de impulso vital que los compromete y obliga a buscar siempre la verdad aun en contra de lo que el instinto de conservación aconseja. Lo importante es preservar la independencia, por encima de cualquier conveniencia, para que los bandos en pugna no obtengan una especie de amplificador radiodifundido, televisado o impreso de la propaganda de unos y otros. En esto radica la grandeza del periodista.
Hoy por Hoy 2003/03/24
24 mar 2003 - 05:00 AM