Después de meses de denuncias e investigaciones para fundamentar una guerra, no ha aparecido una sola evidencia firme de que Irak tuviese armas de destrucción masiva. Ahora depende de las fuerzas aliadas hallar esas armas, si es que existen. Las acusaciones de que Irak ocultaba armas químicas, biológicas o nucleares fueron el motivo más frecuente citado por Washington para atacar Irak. Pero la credibilidad de dichas acusaciones se vio socavada por revelaciones de falsificaciones y tergiversaciones de algunas de ellas, y por el hecho de que las fuentes de inteligencia estadounidense no pudieron indicar a los inspectores de armas de las Naciones Unidas dónde buscar. Si las fuerzas de la coalición no informan pronto haber descubierto programas clandestinos, los críticos podrían cuestionar la autenticidad de los alegatos para la guerra. En su discurso televisado, dos días antes de lanzar la invasión, el presidente Bush dijo que las tropas entrarían en Irak “para eliminar las armas de destrucción masiva”. Ahora que los inspectores han sido desplazados por la guerra, depende de las fuerzas militares aliadas localizar las supuestas armas prohibidas y convencer al mundo de su existencia. De lo contrario, todo sería un fiasco y la acción militar unilateral pudiera desencadenar un conflicto de mayores consecuencias.
Hoy por Hoy 2003/03/27
27 mar 2003 - 05:00 AM