La metodología de la protesta y el reclamo a través de la fuerza parecen consolidarse en el país y dar paso a un sistema en el que se gobierna a través de los cierre de calles y que desdibuja normas elementales de la democracia. La carretera interamericana vivió ayer, a la altura de Natá, otra jornada de incidentes y tensión en la que numerosos productores de cebolla protestaron, al tiempo que producían un tranque de varios kilómetros de largo, perjudicando a miles de personas que intentaban regresar a la capital luego de la Semana Santa. Lo cierto es que esta modalidad plantea un atajo peligroso que debilita pilares básicos del sistema democrático. No solo se violan las normas constitucionales que garantizan el libre tránsito, sino que se vulneran los preceptos esenciales para canalizar el reclamo ciudadano y se apela a la “piquetecracia” como instrumento para la prosecución de los fines. Los cierre de calles representan, en definitiva, un enorme peligro para la estabilidad social e institucional de la república porque desequilibra riesgosamente la armonía que debe darse entre el ejercicio de los derechos propios y el respeto por los demás. El Estado tiene la obligación de preservar, sin represión, el orden legal y el sistema de convivencia civilizado. Si cede ante las presiones, le hará el juego a quienes apuestan a instalar el caos y la anarquía.
Hoy por Hoy 2003/04/21
21 abr 2003 - 05:00 AM