La publicación de que el presidente de la Asamblea Legislativa tiene en la planilla a varios jugadores del equipo de béisbol de Chiriquí, cuya liga él preside, reactiva el debate sobre los nombramientos en este órgano del Estado. Si Carlos Alvarado hubiera honrado el convenio con la Defensoría del Pueblo y dejado al dominio público los contratos y las planillas suscritos durante su administración, lo único que hoy fuera objeto de discusión sería si las personas asisten a trabajar o no. Pero su empeño por ocultar información e insensibilidad hacia la transparencia doblegaron sus aparentes buenas intenciones, y ahora tiene que enfrentarse a más cuestionamientos y a un cúmulo de interrogantes. La comunidad tiene el derecho de conocer en qué momentos estos jugadores cumplen con sus responsabilidades en la Asamblea, qué funciones desempeñan y cuál es su horario de trabajo. Además, si el Órgano Legislativo tiene un presupuesto de 39 millones de dólares, el pueblo que lo eligió debe saber en qué se han gastado esos dineros. Y finalmente, el país espera que las autoridades inicien una investigación inmediata para comprobar la veracidad de la denuncia pública de un candidato presidencial, quien aseguró que Alvarado tiene 650 “botellas” en la Asamblea. Para cuentas claras, chocolate espeso.
Hoy por Hoy 2003/05/04
04 may 2003 - 05:00 AM