No es normal, como afirman las autoridades, lo que está ocurriendo en torno a la Embajada de Panamá en La Habana, cuya seguridad externa ha sido reforzada por agentes policiales cubanos. Existe el temor de que, como ocurrió hace poco en la legación mexicana, cubanos desesperados la ocupen para después solicitar asilo y de esa forma intentar viajar al extranjero. La situación es más preocupante cuando la presidenta Moscoso en cualquier estrado en el que hable le ofrece asilo a un cubano que no lo ha pedido. En este mundo globalizado e interdependiente, de inmediato los ciudadanos de aquel país, que tanto han sufrido y sufren por una tiranía de décadas, ven en la oferta presidencial panameña una luz a su sufrimiento. No es descartable, por lo tanto, que en masa planeen dirigirse hacia la embajada de un país que les ofrecería asilo. Ello pone en peligro la seguridad del personal de esa misión diplomática y representa un implícito llamado a un problema que puede ser explosivo. Si la presidenta quiere replicarle a Castro por el diferendo que mantienen sobre el caso Posada Carriles, ha buscado la peor estrategia, que puede convertírsele en mueca a ella y ocasionar un desastre al país.
Hoy por Hoy 2003/05/10
10 may 2003 - 05:00 AM