En todo el mundo, los candidatos presidenciales suelen hacer promesas que no podrán cumplir. Por tal razón, deben ser conscientes de las limitaciones de su gestión en el caso del triunfador. Porque así como discursean, deben prepararse para gobernar. La crisis que ha golpeado de frente al país en los últimos años ha vuelto escéptica a la sociedad, que está mucho más al tanto de la gravedad de los problemas y de la inutilidad de los pases de magia y de las buenas pero irreales intenciones. Quien llegue al Palacio de las Garzas en el 2004 deberá tener la valentía para abordar sin titubeos los problemas que más afligen al país, tales como el inminente colapso de la Caja del Seguro Social, el déficit en las cuentas públicas, las distorsiones del sistema tributario, el alto nivel de desocupación, la extrema pobreza, la falta de un sistema adecuado de transporte público, entre otros. Y como la crisis no desaparecerá de un día para otro, el próximo presidente se debe preparar para enfrentar y combatir la corrupción, lo que supone eliminar los privilegios y las concesiones que son buscadas siempre por los allegados al gobierno de turno, lo que implica un alto costo político. Lo cierto es que estos males endémicos no pueden seguirse postergando.
Hoy por Hoy 2003/05/12
12 may 2003 - 05:00 AM