Nadie puede decir honestamente que le han sorprendido los resultados de la reforma tributaria, porque de una manera u otra todos fueron previstos y advertidos hasta el cansancio, pero como se ha dicho, no hay peor ciego que quien no quiere ver ni peor sordo que quien no quiere oír. ¡Qué le vamos a hacer! Las reformas, como todo impuesto al consumo, son regresivas, confusas e injustas. La exoneración del impuesto sobre la renta a quienes ganan hasta 800 balboas mensuales no alcanza a compensar las nuevas erogaciones producto de la ampliación de la base imponible del ITBM. Por otra parte, la incertidumbre sobre cuáles son los servicios gravados ha dado lugar a grandes abusos de los cuales nadie se hará responsable. Como siempre, el afectado es el contribuyente. El prometido reordenamiento y la simplificación tributaria se han convertido en un verdadero desorden y complicación tributaria con negativos efectos económicos y fiscales. Este y todos los gobiernos deben entender que no pueden seguir gastando más allá de lo que los ingresos actuales permiten, por la sencilla razón de que los bolsillos de los contribuyentes tienen un límite, y su paciencia también. Los mismos dirigentes políticos que ayer defendieron y justificaron la reforma tributaria, hoy la critican y prometen derogarla o modificarla. Lástima que no se dieran cuenta antes, pero, como suele decirse, “más vale tarde que nunca”.
Hoy por Hoy 2003/05/26
26 may 2003 - 05:00 AM