Estas 72 muchachas que son modelo de belleza en sus países se han integrado al paisaje panameño. Da la impresión de que no duermen y que las llevan y las traen a la velocidad del rayo. Como un relámpago se desplazan por parajes turísticos, bailan, ríen, lloran y cautivan en todo momento. Son un colirio para los ojos y una pausa -anestesia, dicen algunos- ante tantas dificultades y desafíos contemporáneos. Hasta los corazones más duros se enternecen con la belleza, en este caso la femenina. Ni los agentes del SPI y otros guardaespaldas han conseguido mermar la simpatía que causan estas mujeres representantes de la juventud de todos los confines del planeta. Ellos han mostrado la cara fea del concurso por su falta de profesionalismo y por impedir la aproximación de admiradores y espectadores que han intentado obtener la mirada o el saludo de una de esas jóvenes. En los días que restan hasta el 3 de junio, cuando se coronará a la Miss Universo entre ese montón de reinas de belleza, cabe a los panameños actuar con la mayor responsabilidad. Los reflectores de buena parte del orbe están puestos sobre ellas y, de paso, sobre la ese acostada que las cobija, lo que constituye una oportunidad de oro para la imagen internacional de Panamá y su vocación turística.
Hoy por Hoy 2003/05/27
27 may 2003 - 05:00 AM