El marcado ausentismo en la Asamblea Legislativa, además de ser un mal ejemplo, constituye un irrespeto a la ciudadanía. Como ya es costumbre, cuando se acercan las elecciones partidistas internas y elecciones generales, gran parte de los legisladores –con intenciones de reelegirse– reducen sustancialmente sus apariciones por el Palacio Justo Arosemena, dándole así a sus suplentes una buena razón para justificar sus sueldos. Y eso no es todo. Además del ausentismo, nuestras leyes permiten la reelección indefinida para legisladores, sus salarios y gastos de representación son astronómicos, los controles son pocos, las partidas circuitales aún no han desaparecido y –para representarlos en sus ausencias– cada uno tiene dos suplentes, con sueldo. Para cerrar, nuestra Constitución contempla el aumento gradual del número de legisladores, por lo que pronto tendremos casi 80. Ante el desalentador panorama, lo más conveniente sería eliminar la reelección legislativa. Antes de que los legisladores reeleccionistas nos abrumen con sus ‘ejecutorias comunitarias’, indaguemos sobre su porcentaje de asistencias, cuántos proyectos de ley han presentado y si han sido transparentes en sus gestiones. La credibilidad en las instituciones es una condición indispensable para el sistema democrático, y en esto la Asamblea se ubica muy mal. Les corresponde a los legisladores dar el ejemplo y a la sociedad fiscalizarlos.
Hoy por Hoy 2003/06/07
07 jun 2003 - 05:00 AM