Un lamentable retroceso para la vida institucional de Panamá lo constituyó el cheque en blanco que las recientes reformas al Código Electoral ofrecieron a las cúpulas partidarias, que hoy pueden optar por elecciones primarias o la selección a través de convencionales para la escogencia de sus candidatos a cargos de elección popular. Lo que era un escalón en el perfeccionamiento de la democracia, las elecciones primarias intrapartidarias, quedó a merced de los caciques políticos. El espectáculo que se ha montado en torno a la escogencia del candidato a la Presidencia de la República por el Partido Arnulfista es consecuencia de esa determinación. La dirección arnulfista optó por el camino empedrado de escoger su candidato a través de una convención nacional –hoy suspendida por el Tribunal Electoral– en vez de una consulta a sus 200 mil afiliados, a través de una elección primaria. Esta situación contribuye a sustentar un escenario nocivo para el sistema democrático, en el que se están renovando las odiosas prácticas del clientelismo y la partidocracia. Son fenómenos que tienen un poder destructor de los valores democráticos, ya que se asientan sobre la conservación de privilegios y el ejercicio del control absoluto desde las cúpulas de partidos poderosos. Fundamentadas en la dedocracia y el acuerdo de recámara, estas fórmulas distancian a los colectivos políticos de las aspiraciones populares. Y la democracia no puede construirse con partidos antidemocráticos.
Hoy por Hoy 2003/06/11
11 jun 2003 - 12:00 A M
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