Cada promesa es una deuda, dice el proverbio. Por sus acciones, se puede deducir que la presidenta Moscoso prefiere poner en práctica la máxima popular de que el individuo que tiende a prometer tiende a olvidar. Por enésima vez y cuando ha ostentado cuatro años el poder, Moscoso vuelve a manifestar su voluntad de derogar el conjunto de las 'leyes mordaza', que, ella admite, “afectan mucho la libertad de expresión”, y por consiguiente -puede añadirse- el adecuado ejercicio de la democracia. El jefe de Estado, magistrados, jueces, gobernadores, alcaldes y agentes del Ministerio Público que se sienten ofendidos están facultados, según legislaciones jurásicas, a decretar el castigo del emisor de la supuesta ofensa. La Relatoría de Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA) considera “una protección injustificada” en beneficio de los funcionarios estas leyes de desacato. A ellas se suman la de calumnia e injuria e incluso un decreto de gabinete de 1969, en pleno régimen militar, que establece la censura previa. La materia fue debidamente estudiada en dos comisiones de trabajo designadas hace algunos años por el Ministerio de Gobierno y Justicia. Entonces no hubo voluntad política para eliminar las 'leyes mordaza'. Presidenta, honre su palabra, y no espere el último día de su mandato para derogarlas.
Hoy por Hoy 2003/07/11
11 jul 2003 - 05:00 AM