La demagogia y el despropósito desplazan con frecuencia el debate serio y constructivo que, en su origen, otorga sentido a las campañas electorales. La propuesta de uno de los candidatos presidenciales de solucionar el problema metropolitano de transporte masivo, mediante la expropiación de los autobuses, se inscribe dentro del frenesí que se apodera de los cazadores de votos. Con tal de halagar a las masas, no importa que la apelación carezca de sentido práctico, sea obsoleta, o, como en este caso, cree un precedente nefasto a nuestro sistema económico. El transporte urbano masivo en el área metropolitana, especialmente en la capital y el distrito de San Miguelito, es caótico y riñe con el anhelo de desarrollo y de calidad de vida de los asociados. Aunque se trata de un negocio millonario, su operación es artesanal, faltan controles oficiales y sobresale la deficiencia en las sanciones a los propietarios y choferes, el mal estado de la mayoría del parque vehicular y las anomalías de las rutas. Los modelos de éxito reciente del transporte masivo en ciudades de otros países se han sustentado en el fortalecimiento empresarial con una amplia planificación y el poder de regulación y fiscalización estatal. Nunca con expropiaciones. Esta propuesta se caracteriza por su irresponsabilidad, demagogia y cero creatividad .
Hoy por Hoy 2003/08/08
08 ago 2003 - 05:00 AM