Rodrigo Mejía-Andrión Implementación. La palabra favorita de políticos, comunicadores, legisladores, alcaldes, representantes y periodistas en general, inclusive de Betty Brannan, la destacada corresponsal y periodista y, en mi opinión la comunicadora por excelencia de La Prensa, a quien tanto admiro por su objetividad e integridad.
¡Implementación! La palabra de moda desde el momento en que se suscribió el tratado Torrijos-Carter, donde los norteamericanos siempre utilizaban el término The implementation of the Treas. Durante muchos años, la Real Academia Española no reconoció dicho vocablo. Hoy día ya lo hizo. En la vigésima primera edición publicada en 1992 aparece implementarcon la siguiente definición: Poner en funcionamiento, aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo.
¡Implementación! No sé que atractivo tiene esa palabra pues no hay ministro que se respete que cada vez que habla de sus actividades no nos endilgue esta palabra, no una sino tantas veces como sea necesario informar que va a ejecutar alguna acción. Por ejemplo, el ministro de Finanzas, al hablar del problema del agua, dijo más veces implementar que la palabra agua. Luego habló de implementación, otras cuantas veces.
En Panamá, esta palabreja enterró palabras tan hermosas y descriptivas, como implantar, aplicar, iniciar, fundar, introducir, establecer, crear, constituir, arrancar, instrumentar, regular, ejecutar, utilizar, empezar, poner en marcha, etc. Ahora todo es implementar. Al paso que vamos, en vez de decir arranca el carro, diremos implementemos el carro; implementemos el almuerzo; implementemos la reunión. ¡Implementemos la implementación!
Yo, como ya me considero implementado, paso a otro tema sobre la bella lengua española.
Habemos y hubieron son otras dos palabras inexistentes, pero constantemente usadas por la mayoría de la población panameña, incluyendo por supuesto a periodistas, entrevistadores, políticos, abogados, etc. (hago énfasis en lo de abogados, ya que ellos hacen del lenguaje hablado y escrito mayor uso que los demás profesionales), y las usan hasta maestros y profesores (aún los de español). La razón por la cual se oyen tales palabras que no existen en español, es porque los maestros y profesores no se han tomado el trabajo de informar que haber cuando significa existencia, jamás de los jamases, tiene plural. Es por ello que decimos hay una Presidenta, hay muchos ministros. No decimos hayes muchos ministros. Y si esto es así en el tiempo presente, por qué decir: ayer habían muchas persona, cuando lo correcto es había muchas personas. También es incorrecto decir hubieron muchas lluvias, pues debe emplearse hubo muchas lluvias. Si hablamos del futuro es igual. Lo correcto es habrá muchos legisladores.
En cambio, cuando el verbo haber se usa como auxiliar, como en los casos de ellos han estado aquellos habían corrido mucho, donde sí existe el plural, pues los verbos en estas frases son estar y correr y no haber.
También oímos decir por todos lados aquí habemos muchos chiricanos, queriendo significar que quien habla es chiricano y que hay presentes muchos más chiricanos. Si esa palabra existiera (y así se los escribía en el tablero a mis alumnos de arquitectura, en la Universidad de Panamá), si habemos correspondiera a plural de primera persona, el verbo haber, se conjugaría más o menos así: yo habo, tu habes, el abe, nosotros habemos, vosotros habéis, ellos aben. ¿Qué les parece? ¿Suena bonito, elegante, distinguido, como para usar en domingos? Pienso patentarlo, antes que se me adelante la Academia.
Por último, quiero referirme al dequeísmo, otra forma de dañar nuestro idioma. Consiste en añadir un de a una frase, donde esta palabra no cabe. Un ejemplo es la expresión yo creo de que, yo opino de que, yo propongo de que . Lo correcto es decir: Yo creo que, yo opino que; yo propongo que. Los primeros son ejemplos del dequeísmo que nos ha invadido y cual plaga o epidemia, no parece tener cura.
Por la mañana, escucho con frecuencia un programa de radio donde se anuncia con énfasis que ¡solo son tres!, donde uno de los comentaristas es entusiasta seguidor del dequeísmo y me hace sufrir cada vez que lo escucho decir: yo creo de que..., yo opino de que...., yo creo de que.... También un conocido comentarista de fútbol peca exactamente de lo mismo, además de muchos renombrados legisladores, jefes de bancadas.
Una fórmula que se me ocurre para saber cuando usar el de y cuando no, es pensar como se haría la frase en forma interrogativa. Si las preguntas son: ¿qué opina Ud.? ¿qué dice Ud? ¿qué piensa Ud? Las contestaciones son: yo opino que..., yo digo que..., yo pienso que....
Otras palabras mal usadas por los comunicadores de la prensa, es desvelar un secreto, desvelar un cuadro, una estatua, en vez de develar. Desvelar es otra cosa muy distinta; desvelar es lo que hace el Club Unión con todos los sufridos vecinos, cada vez que tiene una fiesta, por su costumbre de instalar las bocinas en el patio, a todo volumen. Cómo me gustaría que el alcalde viviera cerca y viera el abuso en esta gran ciudad
No podemos pasar por alto el uso de la formación inglesa en las oraciones para hablar en español. Sufro cuando escucho a entrevistadores, sobre todo de la televisión, preguntando ¿qué usted opina del problema?, ¿qué usted cree? En español se dice: ¿Qué cree usted? ¿Qué opina usted?
Solo me resta agregar que mi desesperación aumenta cuando escucho a viceministros hablar de no peñizcar el fondo fiduciario, e insistía en repetir no vamos a peñizcar, pese a quien lo interrogaba, hablaba de pellizcar, que es la expresión correcta.
Para terminar solo vuelvo a proponer al diario La Prensa que dicte unos cursos de español y redacción para periodistas y comunicadores, y también para aquellos que escribimos artículos, pues todos, sin duda, tenemos lagunas en el uso del idioma. Allí estaría yo, en primera fila.