Ante 800 parlamentarios de las dos cámaras indias, Barack Obama sacó finalmente la carta que guardaba bajo la manga. El apoyo de Estados Unidos a un Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reformado, que incluya a India como miembro permanente. Un sueño hecho realidad para la diplomacia india, que ya había recabado la adhesión de Francia, Reino Unido y Rusia. Solo China, entre los cinco grandes, no se posiciona.
Aunque los obstáculos son muchos y la extensión del derecho de veto dudosa, Obama da así el disparo de salida para un nuevo intento de reformar a fondo la institución del sistema de seguridad internacional heredado de la Segunda Guerra Mundial. “El Presidente estadounidense lo justifica en pro de unas Naciones Unidas efectivas, creíbles y legítimas”.
El tempo no es casual: Japón es miembro temporal del Consejo hasta final de este año, mientras que en 2011 coincidirán India, Alemania y Brasil, tres países unidos por la misma aspiración. Potencias medias como España, Italia o Canadá abogan por cambios de corte distinto.
Barack Obama se ganó a su auditorio afirmando que India no es un país emergente, “sino que ya ha emergido” y elogió que haya sacado a decenas de millones de personas de la pobreza. También subrayó los intereses comunes entre la democracia más antigua y la más poblada. Por eso, que este viaje a India haya sido el más largo de su mandato “llegó el sábado al mediodía y se va esta mañana, rumbo a Indonesia”, no es fortuito, sino que se debe a que la relación entre India y EU es una de las que “modelarán el siglo XXI”.
Obama, a pesar de todo, insertó algunos toques de atención. En un momento en que gran parte de la élite india abjura de sus políticos, exalta a sus ejecutivos y envidia los métodos expeditivos de China, el Presidente resalta que India no ha triunfado a pesar de la democracia sino “gracias a la democracia”.
En este sentido, considera inaceptable que se roben unas elecciones como Birmania ha vuelto a hacer. Y, aún sin recriminar el apoyo tácito de Nueva Delhi a la junta birmana, expresa que India debe dejarse oír y ser más activa en Asia oriental.
Obama cargó su discurso de valores. Homenajeó al padre de la Constitución, B. R. Ambedkar, que consagró la igualdad entre todas las castas.
Un recuerdo que debió agradecer la intocable Meira Kumar, presidenta de la Cámara. E hizo un llamamiento para que India brinde oportunidades de educación y futuro a todos sus niños.
Con gran finura, Obama apeló a los aspectos morales de India que, en gran medida, han quedado sepultados por la India emergente, paradigma del darwinismo más descarnado.
“La no violencia es la única vía lógica y moral hacia la justicia y el progreso”, afirmó, citando al gandhiano Martin Luther King.
“Y yo mismo no estaría frente a ustedes como presidente de EU si no hubiera sido por Gandhi”.
Obama citó al apóstol del pacifismo como ningún otro presidente.
Su administración, sin embargo, ha vendido más armas a India, hasta ahora cliente preferente de Rusia, Israel y Francia, que ninguna otra. La Casa Blanca también ha levantado el veto que pesaba sobre la investigación espacial o militar conjunta.
“Los días del no alineamiento han terminado”, remachó Obama.
El primer ministro, Manmohan Singh, afirmó en su día, tras lograr el acuerdo nuclear: “Señor Bush, India os ama”.
Pero a la vista del flechazo indio con Obama, aquello fue apenas un matrimonio de conveniencia.