GUERRA Y CORRUPCIÓN.

Con Ingrid en Navidad

Parece que fue ayer, como dice la bella canción de Armando Manzanero, que celebraba la Navidad de 2006. Casi en un abrir y cerrar de ojos pasaron 12 meses y otra vez llegó el frenesí que desata el mes de diciembre en el que el mundo cristiano celebra la noche más hermosa del año: la del nacimiento del Niño Jesús. La tierna criatura con la que nos llega el mensaje de paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad, sigue perdiendo terreno ante el rubicundo San Nicolás, el Santa Claus que más que santo de la corte celestial ha pasado a convertirse, gracias a los comerciantes, en el mejor y más eficaz vendedor del mundo.

¿Habrá niños que le escriban cartas al Niño Dios; que en vez de cantar "Venid pastorcillos, venid a adorar, al rey de los cielos que ha nacido ya", cantan "Mamacita, ¿dónde está Santa Claus, I look for him because is Christmas Eve?". Parece tarea cada vez más difícil, ante la avasallante cultura del consumismo y el materialismo, que la Navidad signifique amor y paz. La Navidad debería celebrarse compartiendo con la familia, los amigos, y con los que menos tienen; para vivir el momento mágico del asombro infantil al abrir los regalos que les dejó Santa, o el Niño Dios; para gozar la prisa de manitos que rompen apresuradamente los bellos y alegres envoltorios para ver si la carta de pedidos fue atendida; ingenuas creencias infantiles, tesoros para los recuerdos que no desgasta el tiempo.

En estos días con ambiente navideño, después de haber visto una foto de Ingrid Betancourt, rehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desde hace casi cinco años, me está costando sentir la alegría de la Noche Buena; me ha quitado el gusto de tararear El burrito sabanero, o de salir a buscar libros infantiles para regalar a los niños de la familia. ¿Cómo permanecer indiferente ante la imagen de desolación, de decaimiento, de dolor inmenso de esa mujer, hija y madre de familia, que se ha convertido en moneda de cambalache para un grupo tan desprestigiado como las FARC, que no siente el menor escrúpulo en financiar su prolongada y estéril lucha negociando con el narcotráfico, la extorsión, el secuestro? ¿De qué están hechos estos hombres que no sienten compasión por esta mujer que parece un alma en pena, viva estampa de la depresión y la soledad? ¿No es una indecencia sin nombre usarla, a ella y otras mujeres, para castigar al Presidente colombiano, Uribe?

¿Qué ha logrado las FARC en 42 años de estéril lucha que solo ha dejado tras de sí una estela de muertos, un país con mucho luto? Abandonaron los ideales que los llevaron a rebelarse y allí sigue Colombia con sus gobiernos, uno tras otro envueltos en escándalos de corrupción que sufre el pueblo colombiano que no encuentra salida ni con la guerrilla ni con sus gobernantes. Hace poco una guerrillera con sentimientos maternales desertó rescatando a un niño de cuatro años que había sido secuestrado por las FARC. ¿Cómo entender que los que hablan de paz y justicia sean capaces de semejante atrocidad? ¿Qué los hace mejores que aquellos a quienes acusan de abusos y corrupción? En esta Navidad tengo a Ingrid, a su madre y a sus hijos en mi corazón. Para ellos no hay paz en la Tierra, ni hombres de buena voluntad.

En mi Panamá el Niño Jesús no encontrará guerrilleros despiadados pero sí hombres despiadados que matan sin remordimiento por unos dólares, droga o pandillerismo; funcionarios y maestros que no le hacen mala cara a robar dinero destinados a las escuelas; jueces venales; autoridades que se ponen al servicio de los narcotraficantes; que succionan la ubre gubernamental para sacar provechosos e inmerecidos privilegios. Aquí verá médicos que nunca han ido a huelga para exigir a los gobiernos mejores condiciones para los pacientes pero sí para exigir mejor salario aun sacrificando a niños enfermos y pacientes de cáncer; médicos dirigentes empeñados en "salvar cara" ante el gremio, y demostrarle al gobierno su fuerza (a costa nuestra).

Encontrará que aquí los transportistas son intocables, mandamases de nuestro tiempo, y de las calles; amos y señores temidos por los gobiernos. Verá rivalidad entre instituciones que tratan de arrebatarse entre sí cuotas de poder en desmedro de nuestras garantías ciudadanas; políticos con discursos manidos y engañosos, hambrientos de poder para meterle diente a "la papa"; funcionarios que rebajan la estatura de su cargo; empresarios que especulan, que le escamotean a sus empleados la cuota del Seguro Social, el trabajo con seguridad. Y hallará un país rico y próspero con riqueza mal repartida, donde pocos tienen mucho; muchos tienen poco y otros, casi nada.

Así como en Colombia hay gente buena y trabajadora, también hay en el Panamá de mis amores gente trabajadora y honesta; miles de estudiantes esforzándose para alcanzar una vida más digna y enaltecedora; hombres, mujeres y niños que participan en causas nobles y humanitarias. Esa es la gente que aligera mi corazón, que recibirá al Niño Jesús dignamente. En Noche Buena brindaré por ellos; por mis hijos y mis nietos, los amigos y la familia. También por los de corazón endurecido porque hasta a ellos los arropa el amor del Niño que nacerá en Belén.


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