TIERRAS

Invasores profesionales

Hay un grupo de abogados que se especializa en arrebatarle las tierras a las personas que han invertido sus ahorros a largo plazo en ese rubro. Esto ocurre en el distrito de Arraiján y está dirigido por un abogado que se jacta de tener influencia con las autoridades de La Chorrera.

Ese abogado tiene un grupo de colegas que actúan como testigos y se presentan como ayudantes de él, como macheteros y cultivadores de fin de semana. Son hábiles en actuar como testigos y actores en esos menesteres.

Voy a precisar, hace casi 40 años mi padre compró un potrero y después de ingente trabajo y dinero invertido lo convirtió en una pequeña urbanización. Construyó y vendió modestas casas y también lotes para un centro comercial que actualmente da trabajo a cientos de arraijaneños. En la actualidad disponemos de un remanente de terreno y estábamos en proceso del diseño de un pequeño desarrollo urbanístico hasta que, con sorpresa, nos enteramos que ese grupo de abogados arteramente nos atacó con una sigilosa demanda por prescripción adquisitiva. Lo insólito es que el abogado que dirige este ataque le compró su casa a una propietaria original a quien mi padre le había vendido y cuyo lote colinda con nuestra finca madre. Mi padre autorizó a los originales dueños disponer de la basura orgánica enterrándola en ese terreno junto a la casa; de esa práctica nacieron unos árboles desperdigados que son reclamados por el demandante como “evidencia de su cuido y celo”. Para desvirtuar esta falsa afirmación consignamos al expediente una declaración notariada donde la propietaria original declara que nunca vio a ese abogado sino cuando él le compró su casa. Sin embargo, el demandante llevó a su grupo de “apoyo” en pos de su ilegal reclamo.

Ahora estamos a la defensiva por este reclamo que se está ventilando en La Chorrera, donde espero que se le haga justicia a mi padre. No pueden las autoridades despojarlo de una tierra que él ha utilizado y cuidado según su profesión. Mi padre es desarrollador de bienes raíces y constructor y así ha actuado cuidando ese terreno. Mi padre no es agricultor y, por ende, no cultivó plantas sino casas y creó lotes en esa tierra que vendió a matrimonios jóvenes hasta por tres balboas el metro.

El que un juzgado nos despoje de nuestro terreno por no haberle sembrado unas yucas sería una flagrante ofensa al espíritu de esa ley creada para socorrer a pobre campesinos sin tierra; nunca para ampliar lotes adyacentes. Eso es innoble avidez.

Confío en que la ecuanimidad de la justicia de La Chorrera sabrá identificar esta desdichada y artera emboscada.


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