La primera infancia es la etapa más importante de la vida de un ser humano. Múltiples investigaciones han demostrado que hasta los seis años es cuando hay un mayor desarrollo del cerebro y se establecen las principales conexiones neuronales. Además, comienzan a adquirirse las habilidades para pensar, hablar, razonar, aprender e interactuar con otros.
Por ello, la educación inicial de calidad es un derecho de los niños y niñas a lo largo de esa etapa. Es la garantía de que puedan alcanzar todo su potencial. En este escenario cobran relevancia factores como la sana nutrición, relaciones afectuosas, reconocimiento de los gustos, intereses, saberes y opiniones, así como la protección frente a las enfermedades, y la posibilidad de crecer en un ambiente sano. Se sabe que de todo esto depende el desarrollo del cerebro, que alcanza su nivel máximo alrededor de los siete años.
Además son fundamentales las prácticas pedagógicas intencionadas, que tengan en cuenta las particularidades de los niños y las características del contexto. Debemos crear políticas destinadas a crear un amplio sistema de protección social dirigido a los niños más pequeños, y sus familias deben ocupar un lugar privilegiado en la agenda de los gobiernos.
El desarrollo humano es un proceso continuo, pero la niñez es una etapa a cuidar, pues determina varios aspectos de la persona. Por esto, debemos ser responsables y velar por el futuro del país, ya que el desarrollo sano de la infancia es crucial para el bienestar de cualquier sociedad. La educación y los valores que se transmiten a los niños marcarán la manera en que será como adultos, por lo tanto, el futuro del país.
Como sociedad, debemos buscar la concienciación de padres y maestros, que son los principales educadores en la niñez. Debemos velar por una educación accesible y de calidad para todos y, sobre todo, luchar por los derechos de los niños en Panamá. Ellos no pueden votar por el futuro presidente o aprobar leyes, pero nosotros sí podemos lidiar con esa responsabilidad. De alguna manera, debemos educarnos en este tema para tomar las mejores decisiones, pensando en la importancia de la niñez, en el desarrollo de la persona y obtener el mayor bienestar social. La creatividad, la flexibilidad y la disponibilidad de tiempo por parte de los padres, maestros y cuidadores son clave en esta etapa. No hay que tenerle miedo a inventar ni a transformar los elementos de la vida cotidiana en mundos de fantasía, que les permitan a los menores de seis años potenciar su imaginación y expresar emociones y sentimientos.
Para que cada niño panameño disfrute al máximo de sus primeros seis años de vida y desarrolle sus habilidades y potencialidades, deben compartir y establecer una vivencia conjunta con sus padres y su entorno. Asimismo, hay que tener presente que a medida que crezca e interactúe con lo que lo rodea, se generan procesos educativos y hábitos que, poco a poco, irán fortaleciendo su autonomía.