Abdiel Zárate azarate@prensa.com
El aporte musical de Ismael Miranda está escrito con letras de oro. El es un símbolo y una leyenda viviente de la salsa dura de los años de 1970, que se ha mantenido durante 35 años.
En esa década, Miranda, amante de la música anfroantillana, se destacó como sonero, percusionista, bolerista y compositor.
Nació en Aguada, un pueblo costero del suroeste de Puerto Rico, un 20 de febrero de 1950, pero desde temprana edad se trasladó con sus padres Ismael y Ana Lydia Echeverría hacia Nueva York, Estados Unidos, donde tuvo que fajarse duro para ganarse unos reales como vendedor de frutas y cebollas; como limpiabotas, y también como vendedor de palomitas de maíz en los teatros Jefferson y Puerto Rico de Nueva York, para ayudar a sus progenitores.
