LONDRES, Inglaterra. Harry Potter ha vuelto a lanzar uno de sus famosos hechizos, encantando con sus sortilegios al jurado del Premio Príncipe de Asturias y sorprendiendo a muchos que nunca hubieran pensado en la escritora para un premio de la Concordia, frente a candidatos como el sacerdote jesuita Jaime Garralda, fundador de la ONG Horizontes Abiertos, quien contó con muchas posibilidades de alzarse con el galardón.
Pero los responsables del premio decidieron concedérselo a la creadora de Harry Potter. El argumento: su obra trasciende el ámbito literario para convertirse en un vínculo de unión entre continentes y generaciones, destacaba el fallo del jurado.
Un fallo que reconoce el fenómeno sociológico y humano sin precedentes que han provocado los cinco libros de Potter y también sus películas, contribuyendo a fomentar la lectura y a que los jóvenes se identifiquen con valores humanos tan esenciales como el discernimiento entre el bien y el mal y la importancia de la cooperación para superar problemas y obstáculos.
Honrada, emocionada y fascinada, remitió la escritora un comunicado a la fundación que concede las distinciones. Fueron las primeras reacciones de alguien que suele huir cada vez más de las intervenciones públicas y que mide sus declaraciones.
Puede discutirse el acierto del premio o su oportunismo, pero no la universalidad de Harry Potter ni la atracción que los libros de Rowling ejercen en públicos de todas las edades. Desde que en 1997 apareció en Gran Bretaña Harry Potter y la piedra filosofal primer volumen de las aventuras del niño mago en todo el mundo se han vendidos más de 200 millones de ejemplares de la serie.
Harry Potter es un personaje absolutamente global: sus peripecias están traducidas a 55 lenguas (incluidas el latín, el zulú, el bengalí o el galés).