Judith Scott, una artista muy especial

OAKLAND, EU (DPA). -Todos los días a las 9:30 horas, la artista estadounidense Judith Scott comienza su trabajo.

Durante seis horas se ocupa de sus esculturas de fibras en el centro cultural Creative Growth en Oakland (California).

Con gran concentración une, ata y cose las fibras para crear un objeto que va creciendo poco a poco. A las 15:30 horas la recoge un autobús para discapacitados y la lleva de regreso al asilo donde vive. Judith Scott, de 58 años, sufre de un grave síndrome de down que le impide oír, hablar, leer o escribir.

Pero en el mundo del arte internacional se ha hecho un nombre. Sus esculturas se venden en hasta 15 mil dólares y famosas galerías de Nueva York, Tokio y París exhiben sus obras. En el museo D'Art Brut de Lausana habrá entre el 11 de octubre y el 3 de febrero de 2002 una gran exposición individual de las creaciones de la artista en los últimos 13 años.

La creatividad de Judith Scott es aún más sorprendente si se conoce su historia de vida.

A los siete años se le diagnosticó una “discapacidad grave”, fue separada de su familia y puesta en un asilo. Solo años más tarde se descubrió que era sorda. Durante 36 años estuvo separada del mundo exterior, pero a los 43 años su hermana melliza Joyce se la llevó a California a un pequeño hogar y la inscribió en el centro Creative Growth (Desarrollo Creativo) para discapacitados.

Un total de 120 personas, entre ellas esquizofrénicos, autistas y discapacitados mentales realizan obras artísticas allí cada día.

El estudio privado fue creado hace 27 años y es considerado en todo el mundo un modelo para instituciones similares.

Scott, al principio muy tímida, descubrió de pronto su amor por los materiales de colores. Su primer obra estuvo hecha con algunos trozos de madera que rodeó con hilos de lana. Desde hace ocho años trabaja con fascinación con hilos y fibras de tela, explica Tom DiMaria, director del centro.

“Hace dos años nos dimos cuenta de que Judith crea piezas únicas que no nacen por casualidad. Tiene una sensibilidad especial para las formas y los colores”, añadió.

A menudo la pequeña mujer, de 1.40 metro de altura, se ubica en una esquina del estudio, con las piernas colgando de la silla. Los visitantes que acuden a verla son recibidos con una sonrisa e ignorados poco después. Trabaja hasta tres meses en una obra. Cuando ya es tan grande que no puede moverla por sí misma, empieza otra nueva.

Algunas de sus esculturas tienen tres metros de largo por dos de ancho. Son ovaladas, redondas, con formas corporales o similares a alas.

Desde comienzos de año sus piezas han recaudado más de 150 mil dólares. Luego de la comisión de la galería, el centro se queda con la mitad y el resto va a la artista.

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