Junto a José Miguel

Aprendí de José Miguel que la perseverancia es una virtud. Ante los contratiempos, las peleas estériles típicas de las campañas políticas, las malas noticias que traían las encuestas, José Miguel siempre buscaba la energía para motivarnos a todos

Aprendí de José Miguel el incansable trabajo y sacrificio a los que se someten nuestros políticos. Recuerdo claramente un domingo de enero del año pasado. Manejábamos casi a la medianoche entre Boquete y David, luego de un día agotador de campaña que había empezado a las 7:00 de la mañana. José Miguel me miró y sonriendo me dijo: "Lucas, ¡no me digas que estás cansado! Todavía faltan 65 fines de semana para el 2 de mayo del 2004".

Aprendí junto a José Miguel a querer y a apreciar más a Panamá y a su gente. En las Garzas de Pacora, en las veredas de San Miguelito, en los campos de Azuero, en las bananeras de Chiriquí, en fin, en todo el país, los panameños somos gente de buena voluntad que disfrutamos de nuestra democracia y que deseamos mejores oportunidades para ganarnos la vida honradamente.

Aprendí de José Miguel que la perseverancia es una virtud. Ante los contratiempos, las peleas estériles típicas de las campañas políticas, las malas noticias que traían las encuestas, José Miguel siempre buscaba la energía para motivarnos a todos y enfocarnos en el trabajo. El sabía que el reto era grande, y que su esfuerzo y voluntad era lo que nos motivaba a aquellos que estábamos a su alrededor.

Aprendí con José Miguel a apreciar la amistad entre hermanos. Pasamos innumerables horas, especialmente con Alvaro y Jaime, analizando las enormes tareas que son parte de una campaña presidencial. José Miguel nos dio la oportunidad de ayudarlo en esta inigualable experiencia y allí estuvimos para apoyarlo.

Aprendí de José Miguel que no importa lo ocupado que uno esté, siempre debes de sacar tiempo para tus padres. Constantemente durante la campaña compartíamos en familia con mis padres, Roberto y María Teresa. Ellos fueron parte integral de la campaña y acompañaron a su hijo en Penonomé cuando triunfó en la convención arnulfista, en las caravanas, en el cierre de campaña, y durante el día de las elecciones.

Por estas y muchas más razones cuando José Miguel, mi hermano, reconocía con la frente en alto la victoria de Martín Torrijos, no podía sentirme sino orgulloso de él.


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