El pasado 6 de septiembre se cumplió el centenario del fallecimiento del autor de la letra de la canción más importante que identifica y representa a todos los panameños: el Himno Nacional.
Don Jerónimo de la Ossa Escobar nació el 8 de abril de 1847 en la ciudad de Panamá, del matrimonio formado por Manuela Escobar y José Francisco de la Ossa.
Jerónimo fue enviado a Chile a los 16 años (1863), donde posteriormente obtiene el título de ingeniero civil; regresa a Panamá en 1879 y en ese mismo año contrae nupcias con Angélica Bergamotta, quien era hija de un comerciante de origen italiano, con la cual tuvo tres hijos, María, María Antonia y Jerónimo.
Cien años de su muerte han pasado casi desapercibidos, y las autoridades competentes no le han hecho los honores a este ilustre panameño que siempre que exista nuestra República cantará con amor y fervor nuestro Himno Nacional. Una forma como se les pudo hacer justicia a los creadores de nuestro himno fue el proyecto de ley presentado el año pasado por el diputado Rubio que establecía que el himno fuera programado en todas las emisoras y canales de televisión a las seis de la tarde, el cual fue vetado por el Presidente de la República; creo que tres minutos de himno no acabarían con la delincuencia, pero sí contribuirían para crear conciencia nacionalista, amar más a la Patria y fortalecer los valores cívicos.
Sería prudente que las autoridades competentes le hicieran un mausoleo a la tumba de los esposos de la Ossa y que todos los 1 de noviembre, día del Himno Nacional (creado por la Ley 71 de 1955), el Cuerpo de Bomberos, la Policía Nacional o Municipal, le hagan las merecidas romerías a los esposos que contribuyeron con dos de los principales símbolos de la Patria. El Instituto Nacional de Cultura tiene la tarea de compilar toda la obra poética y discursos (era un gran orador) que se encuentran dispersos en diferentes periódicos y revistas de Chile, Colombia y Panamá, para que todos disfrutemos de su legado y que 100 años después se siga luchando por un Panamá mejor, libre de pobreza y miseria, y que dejemos de ser uno de los primeros países con la peor distribución de la riqueza y que luchemos por el sueño de don Jerónimo de: "Alcanzamos por fin la victoria".
