Para Luis Fernando Pitty Ceballos (Panamá, 1954), la neurología y la literatura son actividades humanistas que ha logrado unir sin sobresaltos.
Ha sacado tiempo para ejercer la medicina y escribir dos novelas: Tambores de guerra (2004) y Quién vive detrás de la montaña (2010); esta última la presentará el 27 de agosto, a las 7:30 p.m., en la Feria Internacional del Libro de Panamá, que será en Atlapa del 25 al 29 de agosto.
Comenta que el oficio médico, “casi heredado porque mi padre también es neurocirujano”, y la ficción narrativa, le han permitido alimentar su espíritu.
Mientras que Tambores de guerra relata “las vivencias dramáticas y amorosas de dos jóvenes durante las guerras de independencia”, Quién vive detrás de la montaña es un llamado sobre la realidad del hombre del campo istmeño.
“En ambas predomina el estilo apasionado, humanista, sensual y nostálgico a través de la prosa poética, donde intento mantener un ritmo, una musicalidad que el lector puede apreciar durante la lectura”, explica.
Tambores de guerra es una novela histórica en toda regla, sobre “las batallas y sucesos que llevaron a la independencia de las naciones, hoy bolivarianas”.
Después de cuatro años de investigación, que incluyó la lectura de 23 obras sobre Simón Bolívar y visitas a las ciudades de Caracas, Bogotá y Lima, Pitty Ceballos sintió la necesidad de buscar un tema más cercano a Panamá.
Así surge Quién vive detrás de la montaña, una novela costumbrista enclavada en el corazón de la región de Azuero, “donde he tenido la oportunidad de entrar en contacto con algunas comunidades por un período de más de 10 años”.
Todo comenzó una tarde de febrero, en plena temporada seca, cuando llegó a la comunidad de Las Colomas, entre Ponuga y Mariato, en la provincia de Veraguas.
“Allí me reuní con un campesino que conocía, Agapito Mojica. Al darme cuenta de la tristeza que expresaba su semblante, tuve a bien preguntarle: ‘¿Qué le pasa, Agapito?’ y al instante me contesta: ‘Se nos acabó la mamá”, recuerda.
En ese momento, al escuchar esas palabras conmovedoras de un hijo que perdió a su madre, supo que tenía tema para su segunda novela. “Sería un homenaje a Agapito y a los suyos, y al campesino en general”.
De esa manera, “traigo una realidad a la mesa del lector, para que vuelva la cara a ese mundo tan nuestro y a la vez tan lejano que vive detrás de la montaña”.
El proceso para hacer posible su novela le exigió 18 meses de investigación “sobre la vivienda de la región, sus instrumentos musicales, su geografía, etc.”.
Opina que la única manera de que la igualdad social exista en Panamá, es con “un cambio radical en el pensamiento, que es instrumento vital para cambiar patrones culturales tan arraigados, que no nos permiten visualizar futuro de patria”.

