Los valores fundamentales de la Revolución Francesa siguen siendo la piedra angular de nuestras sociedades.
Libertad para la franco-colombiana Ingrid Betancourt, tres norteamericanos y 11 colombianos, rehenes desde hace demasiado tiempo y liberados recientemente por la acción conjunta de las Fuerzas Colombianas y de la solidaridad internacional que los acompañó, sin vacilar, durante su trágica retención en la jungla colombiana.
Igualdad para los ciudadanos del mundo que padecen los efectos de una crisis alimentaria preocupante y para quienes en nuestros países, juntos, deben movilizarse, inventando un mundo global más solidario, más justo y más generoso.
Fraternidad para los 27 países que conforman la Unión Europea, cuya presidencia asumió Francia hasta final de este año, para que sepan fortalecer sus instituciones y crear lazos más estrechos con los países vecinos del Mediterráneo, para que conjuntamente contribuyamos a responder al reto del calentamiento global, a solucionar la crisis alimentaria sin olvidar la preocupante situación energética.
Una de las enseñanzas de la Revolución Francesa es que las bastillas nunca son intomables cuando existe una voluntad ciudadana fuerte y anclada sobre los principios universales y democráticos que celebramos en este día.
En Panamá, con nuestros amigos panameños, hagamos de la conmemoración de la Toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, además de una regocijante celebración azul, blanco y rojo, los colores compartidos de nuestras banderas; una ocasión propicia para afianzar los vínculos tradicionales de amistad entre nuestros dos países.
¡Vive la France!
¡Viva Panamá!
