¿Cómo explicar que Estados Unidos y Europa estén bombardeando a Trípoli con misiles y a Damasco con palabras?
¿Por qué tanto empeño en sacar al brutal tirano libio del poder y tanto cuidado con su igualmente salvaje colega sirio?
Comencemos por la respuesta más común (y errada): es por el petróleo. Libia tiene mucho y Siria no. Y por tanto, según esta explicación, el verdadero objetivo de la agresión militar contra Libia son sus campos petroleros.
Siria se salva por no tener mucho petróleo. El problema con esta respuesta es que, en términos de acceso garantizado al petróleo libio, Muammar Gaddafi era una apuesta mucho más segura para Occidente que la situación de caos e incertidumbre que ha producido esta guerra.
Las empresas petroleras de Occidente operaban muy bien con Gaddafi. No necesitaban cambiar nada.
Una segunda, y común manera de contestar la pregunta es denunciando la hipocresía estadounidense: Washington nos tiene acostumbrados al doble rasero y a las contradicciones en sus relaciones internacionales.
Esta tampoco es una respuesta muy útil, ya que no nos ayuda a entender las causas de estas contradicciones.

