Paja de mula, paja gringa, paja blanca, paja canalera y hasta paja de Vietnam. Muchos nombres populares para una sola especie, la Saccharum spontaneum, una maleza que probablemente fue introducida en Panamá entre los años 50 y 60 con propósitos nobles, pero que muy pronto demostró que sus virtudes eran superadas con creces por los trastornos que es capaz de producir.
Originaria de Asia y de Africa, esta pariente de la caña de azúcar (en inglés también se le llama caña de azúcar falsa) es un planta de la familia de las gramíneas, de tallo verde y muy delgado, que crece a una velocidad asombrosa (dos centímetros por día) y puede alcanzar hasta cinco metros de altura. Su inflorescencia es de color blanco y resulta muy atractiva durante el máximo período de floración.
La Saccharum spontaneum se disemina con facilidad gracias a que produce semillas en abundancia, que el viento, los animales y hasta el ser humano ayudan a dispersar. Es sumamente invasiva y aprovecha cualquier espacio deforestado para crecer; allí donde empieza a ganar terreno, nadie la detiene. Además, no discrimina, un suelo pobre le resulta tan cómodo para reproducirse como un suelo fértil.
Según las hipótesis que se manejan, la paja blanca fue introducida al país con el fin de controlar la erosión en los terrenos desprovistos de vegetación adyacentes a la vía interoceánica, una función que puede desempeñar gracias a que sus raíces superficiales detienen el arrastre de tierra que se produce con las lluvias.
También se piensa que se trajo al país con el fin de servir como material genético para fortalecer los cultivos de caña de azúcar. Y una tercera versión dice que semillas de Saccharum llegaron a Panamá en las cargas de los barcos procedentes de los países de los que es originaria.
Lo cierto es que no hemos encontrado un documento que diga que se introdujo en un año determinado para un fin específico, asegura Arturo Cerezo, supervisor agrónomo de la sección de Sanidad de la División de Administración Ambiental de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Probablemente por la agresividad de la planta, y esto es una especulación, nadie se ha atrevido a decir yo la introduje para realizar tal trabajo.
Extendida en toda la cuenca del Canal y sus alrededores entre Panamá y Colón y en franca expansión hacia otras provincias como Darién la Saccharum compite, con todas las ventajas a su favor, con los cultivos agrícolas y con otras especies a las que, debido a su muy particular forma de expansión, va quitando espacio.
Por otra parte, la paja canalera se seca en verano y es muy propensa a provocar grandes incendios que comprometen la seguridad del Canal porque el humo afecta la visibilidad de los barcos. Además, el fuego acaba con los bosques cercanos, pone en peligro la vida de los animales e incluso de las personas. Y mientras que las quemas entorpecen el crecimiento de otras plantas, en cuanto empiezan las lluvias la Saccharum resurge de las cenizas con mucha más fuerza, invadiendo ese espacio libre que los incendios han dejado. Y si el fuego no puede con ella, otros mecanismos han demostrado ser iguales de inútiles. Algunos estudios demuestran que cortarla, solo promueve su crecimiento.
De acuerdo con Cerezo, el resto de los países de Centroamérica están cada vez más pendientes del problema que tiene Panamá con la paja blanca y las exportaciones agrícolas pasan por un período de cuarentena. Aquellas en las que sean descubiertas semillas de Saccharum pueden ser rechazadas, lo que afecta directamente la economía de los agricultores.
También ocurre que el problema de diseminación de la maleza está ligado, en muchas ocasiones, a la ignorancia.
Hay gente que encuentra atractiva la inflorescencia de la planta, la cortan y la llevan a su casa. Así también están diseminando el problema, explica el funcionario de la ACP.
La paja canalera, sin embargo, no es solo un dolor de cabeza para los funcionarios del Canal y para los agricultores, quienes deben trabajar el doble para que no interfiera con sus cultivos. Desde hace ya varios años es una situación que también preocupa a quienes trabajan en el área de reforestación. Y de hecho son ellos quienes, poco a poco, están encontrando formas más científicas de controlar el crecimiento desenfrenado de esta maleza que los métodos tradicionales de corte y quema no han logrado vencer.
Talón de Aquiles A pesar de su habilidad para diseminarse, la Saccharum spontaneum tiene un punto débil: no soporta la sombra. Su exposición al sol debe ser total y ante la falta de luz se debilita y muere.
En la década de los 80 se inició un programa de reforestación con especies exóticas de rápido crecimiento en áreas invadidas por Saccharum, con el propósito de ganarle terreno. Hace apenas dos años, un nuevo proyecto que camina en la misma dirección, le ha dado un giro a las cosas.
En enero del 2001 se puso en marcha el Proyecto de Reforestación con Especies Nativas (PRORENA), un programa colaborativo de investigación, encabezado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y la Universidad de Yale (EU). Una de sus líneas de investigación es, precisamente, encontrar nuevas estrategias de reforestación en áreas invadidas por paja blanca.
De acuerdo con Emilio Mariscal, ingeniero forestal y coordinador de PRORENA, antes de que este estudio científico se iniciara, nada se sabía sobre esas vulnerabilidades de la paja blanca que permitirían controlarla de una forma efectiva. Sin embargo, ahora se intenta aprovechar al máximo esa susceptibilidad suya ante la sombra que le proveen otras plantas que han demostrado tener la capacidad de regenerarse en su presencia.
Los resultados de esta línea de investigación, dirigida a controlar la Saccharum en áreas de cultivo agrícola y en sitios donde se quiere reforestar, fueron presentados el viernes pasado en el II Encuentro Anual de Reforestadores con Especies Nativas. El resultado que han obtenido los ingenieros forestales es que, de las 28 especies utilizadas (26 nativas y dos exóticas, algunas han logrado dominar en un alto porcentaje a la Saccharum spontaneum, gracias a que desarrollan una copa ancha y espesa, capaz de quitarle a la maleza invasora la luz que necesita para vivir.
Aquellas especies que en dos años han alcanzado más de dos metros de diámetro de copa y más de dos metros de altura, serían las que tienen buenas características para ser utilizadas en las áreas invadidas por Saccharum, explica Mariscal.
Especies que han resultado con un gran potencial para dominar a la Saccharum son la Terminalia amazonia (comúnmente conocida como amarillo), la Colubrina glandulosa (carbonero), Gliricidia sepium (balo), Muntingia calabura (periquito).
De acuerdo con Mariscal, sembradas estas especies con un distanciamiento apropiado, se lograría a corto plazo el grado suficiente de sombra y se bajarían los costos de las plantaciones en áreas invadidas por Saccharum.
Para desarrollar esta línea de investigación, PRORENA trabajó con la ACP y con la empresa Ecoforest, en parcelas que se quieren utilizar para proyectos de reforestación.
El Estado está otorgando, dentro de la cuenca del Canal, áreas invadidas por Saccharum para proyectos de reforestación. Pero las empresas tienen una pregunta: ¿qué especies utilizar que no generen tanto gasto?, explica Mariscal. Gracias al estudio se sabe que una empresa tendría que invertir entre 600 y 800 dólares por hectárea en los primeros dos años, solo para controlar la paja blanca. Cifras que, de acuerdo con el coordinador de PRORENA, resultan elevadas.
Una empresa que reforesta cerca de 600 hectáreas por año estaría invirtiendo prácticamente medio millón por año en control de la paja blanca, apunta Mariscal. Pero si antes generamos investigación que pueda ser facilitada a las empresas sobre el control de la maleza, eso estimularía la inversión.
Cerezo, por su parte, agrega que el control es también una cuestión de manejo.
Tradicionalmente se habla de que las especies nativas son de lento crecimiento, pero hay algunas que pueden alcanzar buenos crecimiento si se hace un manejo adecuado de ellas.
Por ello, el trabajo de investigación continúa. Aún falta por evaluar el tiempo que otras especies, que crecen en competencia con la Saccharum, pueden llegar a dominarla, así como desarrollar ensayos de limpieza manual, uso de herbicidas y productos que puedan ser eficaces para mermar su crecimiento. También se cuantificará el grado de luminosidad más indicado para dominar la Saccharum.
Tradicionalmente se habla de que las especies nativas son de lento crecimiento, pero hay especies nativas que pueden alcanzar buenos crecimiento si se hace un manejo adecuado.
Dice Emilio Mariscal que lo ideal sería poder eliminar la paja blanca por completo. Sin embargo, Arturo Cerezo, de la ACP, explica que por el momento esa es una solución poco viable.
Hay algunas plagas que son perjudiciales para la salud humana y en las que es necesario invertir grandes cantidades de dinero para eliminarlas, dice el ingeniero agrónomo. Pero en este caso, decir que vamos a erradicar la paja blanca es un poco drástico porque está tan diseminada que su erradicación conllevaría un costo muy elevado. Lo que nos toca por ahora es convivir con ella y controlarla.

