Lo más notorio del modelo irlandés de crecimiento ha sido la sustancial reducción de la tasa promedio de impuestos que pasó en los últimos años del 53% al actual 35%.
Esta reducción impositiva ha coincidido con el logro de una tasa media de crecimiento de la economía del 5.6% y un crecimiento del 50% en los empleos que en los últimos 18 años ha permitido a Irlanda saltar desde la vigésimo segunda a la cuarta posición en el ranking de prosperidad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
El modelo irlandés de expansión económica pone de manifiesto los efectos benéficos de una política fiscal que hace menos énfasis tanto en los impuestos directos al trabajo (salarios) como en los gravámenes a los beneficios (ganancias corporativas) y descarga un mayor acento en la imposición indirecta al consumo. Este equilibrio entre impuestos directos e indirectos motivó a trabajadores y empresarios a incrementar la productividad, constituyéndose además en un fuerte atractivo para la inversión externa.
Este modelo no está exento de peligros. Recientemente la agencia Moody’s rebajó dos peldaños la calificación de riesgo de la deuda soberana de Irlanda de “Baa1” a “Baa3”, con perspectiva negativa. Según la agencia, esto es consecuencia de la esperada pérdida de “fortaleza financiera” del Gobierno irlandés, así como de las bajas perspectivas de crecimiento económico.
También se destaca la “incertidumbre” que rodea a la capacidad de este país para superar las pruebas de solvencia que dan acceso a los fondos del nuevo “Mecanismo de Estabilidad Europea”, que comenzará a funcionar a partir de 2013. Según previsiones del Fondo Monetario Internacional se anticipa para la economía irlandesa un crecimiento de solo 0.5% este 2011, cuatro décimas menos que el pasado diciembre, cuando junto a la Unión Europea ofrecieron a este país un rescate valorado en 85 mil millones de euros.
El modelo irlandés pone de manifiesto que para lograr prosperidad económica en el largo plazo se hace necesario, amén de un manejo prudente de los impuestos y el endeudamiento soberano, la confianza en la libertad económica y el individuo.
El autor es economista.
