Aunque suelen ser animales amorosos y fieles, los perros se cuentan entre las criaturas que marcan su territorio y, cuando en esa región entran otros animales o personas extrañas, su reacción instintiva podría ser atacarlos. No obstante -y contrario a lo que muchos piensan- los perros casi nunca muerden cuando están enfermos o aburridos, sino cuando se encuentran adoloridos o incómodos por alguna razón. Entonces suelen ser presa fácil de la violencia. También cuando han sido maltratados de cachorros o cuando hallándose amarrados algún desconocido pretende sonsacarlos para jugar.
Las mordeduras de los perros pueden ir desde las superficiales -simples laceraciones de la piel- hasta heridas profundas -hechas por la penetración de sus incisivos-. En cualesquiera de los casos deberían ser objeto de mucha atención, pues podrían acarrear infecciones.
Las complicaciones La infección bacteriana es el peligro más común. Esta puede sobrevenir a causa de un tratamiento poco efectivo al tratar la herida o por la penetración de las bacterias en los tejidos al momento de producirse el ataque del animal.
Cuando se trata de una cura ineficaz, la herida podría comenzar a sangrar de nuevo, tornarse enrojecida e inflamada en el área donde se produjo o producir un flujo purulento. A veces puede aparecer un absceso. En estos casos debería buscarse atención médica inmediata.
Otras veces, las mordeduras de perros -lo mismo que las de los gatos- pueden acarrear el peligro de una infección por pseudomonas: bacterias que producen una secreción purulenta alrededor de la herida y que ocasionan que esta cierre muy lentamente. Incluso podría ser necesario el tratamiento médico para los casos en que no logran cicatrizarse.
El tétano es uno de los mayores riesgos que puede encarar una persona que ha sido mordida por un perro. Este caso puede ocurrir cuando la piel del individuo está sucia y contiene esporas tetánicas que la mordedura logra introducir en los tejidos, con lo que se da inicio a la infección.
Los síntomas del tétano se caracterizan por espasmos en los músculos de las mandíbulas, rigidez muscular y convulsiones que pueden empezar a partir de las 72 horas y hasta un mes después de haberse producido el ataque. La infección tetánica es fatal si no se trata a tiempo. Por eso se recomienda la vacunación preventiva contra este terrible flagelo.
El Toxocara canis es un parásito que habita en el intestino de los perros y cuyos huevos pueden estar presentes en las heces fecales. Cuando el perro se huele el ano o se lame esa zona, los huevos del Toxocara canis pueden mudarse a los pelos del hocico y, de esta manera, llegar a la lengua o la boca del animal, de manera que pueden ponerse en contacto más adelante con las personas que han estado con el animal.
Para los seres humanos este parásito representa un particular peligro ya que si logra desarrollarse en sus ojos puede ocasionarles la ceguera.
La rabia Cuando a una persona la muerde un perro, lo primero que se piensa -y teme- es contraer la rabia. No en balde, pues se trata del riesgo más grave que corre cualquier individuo ante este tipo de accidente. Son muchos los países en los que ya es obligatorio que todos los perros estén vacunados para que no contraigan la enfermedad ni tampoco puedan transmitirla. Sin embargo, quedan otros muchos en los cuales los controles son insuficientes.
Síntomas
El tiempo de incubación del virus de la rabia va desde los 10 días hasta algunos meses después de que la persona ha sido mordida por el animal. Sus síntomas reveladores son fiebre alta, delirio, dificultades en la faringe para tragar y parálisis que por lo general resulta mortal. Por eso se insiste tanto en la prevención; es decir, tener vacunados a los perros. Pero cuando el animal anda suelto y carece de dueños, entonces debería ser retenido y puesto en observación durante 40 días. No obstante, a la víctima se le recomienda la inmunización como medida cautelar. En estos casos el paciente suele recuperarse sin sufrir secuelas.

