Más ruido que nueces; más protocolo que política. Mucha cooperación, crear clima de entendimiento y dejar el espinoso asunto de la soberanía para mejores tiempos. No estamos aquí para discutir de soberanía, sino para resolver problemas de los ciudadanos, dijeron los representantes del Reino Unido: el ministro de Exteriores, David Miliband; de Gibraltar, el ministro principal Peter Caruana y de España, el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. No se esperaban grandes avances en la tercera reunión del Foro de Gibraltar, y no los hubo. La visita de Moratinos ha sido más un gesto político con altas dosis de voluntarismo por salvar el diálogo, que un cónclave de contenido real.
La agenda de la reunión incluía seis áreas de cooperación: medio ambiente; servicios financieros y fiscalidad; cooperación judicial, aduanera y policial; educación; comunicaciones y seguridad marítima, y visados. Los ministros dijeron que se ha avanzado, principalmente, en control del tráfico marítimo para evitar desastres medio ambientales como los provocados por los buques New Flame y Fedra.
Decidieron crear una línea de ferry entre Algeciras y Gibraltar. Tanto España como Gibraltar se mostraron favorables a firmar un acuerdo de transparencia fiscal.
Cualquier escollo que pueda enturbiar el buen clima que las tres partes se empeñan en mantener debe ser obviado. Ocurrió la semana pasada con el contencioso de las aguas territoriales que Gibraltar reclama como propias. La chispa fue la atribución a España, por la UE, de las aguas del Peñón a efectos de protección medio ambiental y de arqueología marina, mediante su declaración como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Gibraltar está tan convencida de que España le ha colado un gol al Reino Unido, que exigió incluir en un documento distribuido ayer una aclaración consistente en decir que los LIC no cambian la soberanía, la jurisdicción y control de las aguas a las que se refieren.
En el entorno del ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, la lectura principal que se hace de la visita es, extremadamente, positiva. Un estrecho colaborador de Caruana apuntaba que quién nos iba a decir hace 10 años, cuando no querían ni siquiera sentarse a la mesa con nosotros, que nos iba a visitar un ministro. Por otra parte, el que antes era el único interlocutor reconocido por España para la negociación sobre Gibraltar, el Reino Unido, ha pasado a ser casi un convidado de piedra.