Hace algunos días encontré, dentro de una caja llena de papeles, el primer poema que escribí, a los 11 años de edad. Recuerdo que lo escribí para un concurso como celebración del aniversario de fundación de la Escuela de Doleguita en David, Chiriquí.
Los poemas ganadores fueron publicados en un pequeño folleto, de esos que se imprimían en mimeógrafos, y que circulaba internamente en la escuela. Mis padres guardaron el folleto y me lo entregaron hace un tiempo para que lo conservara como recuerdo de mi infancia. Al encontrar el folleto, recordé el momento de la premiación y los regalos que recibimos los ganadores.
Aún conservo el libro Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer, que me dieron en la ceremonia. Desde ese entonces he escrito poemas e historias cortas que han quedado guardadas en mi memoria ya que nunca vieron la luz de sus publicaciones. Mis primeros escritos generaron otros y así encontré mil razones para escribir.
Mis motivaciones para escribir tienen sus raíces en la lectura. Para poder escribir tenemos que saber leer de manera crítica y aplicando todos los sentidos a lo que se lee. Es por ello que de repente nos encontramos que algún pasaje escrito nos causa risa, tristeza, miedo, disgusto, asombro y una gran gama de sentimientos que varía de acuerdo al lector. Es en esta reacción a la lectura que encontramos personas que dicen: "Qué lectura tan aburrida" o "No pude parar de leer esta novela". La recepción que pueda tener un escrito varía de acuerdo al interés y pertinencia que tenga para el lector. Es por ello que muchas veces pienso en las novelas y obras que eran obligatorias leer en la escuela secundaria. Aun cuando mis compañeros de clase encontraban que leer novelas era "lo más aburrido del mundo", yo sí identificaba un significado en sus mensajes. Todavía recuerdo a uno de mis compañeros en el último año de secundaria que me encontró leyendo un libro en el pasillo de mi colegio y me preguntó por qué leía un libro que no era para tarea. Yo le contesté que leyendo se aprende más. No lo noté muy convencido, pero de seguro pensó que los libros de lectura eran sólo para hacer un examen. ¡Gran error!
Desafortunadamente, este pensamiento "pesimista" acerca de la lectura y la escritura todavía persiste. No parece que estemos inculcando el deseo de expresarse por escrito en nuestras escuelas. Esto lo puedo percibir en los egresados de los colegios que prefieren escribir respuestas de llenar espacios (para facilitar la copia) que un examen de desarrollo de ideas. Es evidente el poco dominio de un idioma y el pensamiento crítico al momento que se escribe. También es evidente que los estudiantes sienten que no tienen temas interesantes para escribir y prefieren evitar escribir algo a toda costa. ¿No le parece lógico que proliferen los "servicios" de escritura de monografías y tesis alrededor de la Universidad de Panamá, por ejemplo? Nadie quiere escribir, pero sí graduarse y ponerse el título de licenciado o magíster por delante.
Determinar un tema para escribir es algo muy personal y toma tiempo. También debemos partir de la premisa que se escribe bien si conocemos el tema bien. En este caso debemos inculcar al estudiante que lo que va a escribir debe interesarle y mantener ese interés hasta que termine. Asignar temas predispuestos no va a motivar un estudiante a escribir. Dentro de mi experiencia como docente de composición puedo entender que los estudiantes se sienten como dentro de una camisa de fuerza sin libertad de expresarse al verse en frente de un tema poco interesante para escribir. Existen mil razones para escribir, pero deben ir relacionados al escritor y a su forma de pensar. Es una de esas actividades donde se es el propio jefe y se determina qué hacer y cómo hacerlo. Sólo espero que los docentes preparen a sus estudiantes a redactar ideas claras, precisas y concisas para beneficio de sus lectores.
Debemos rescatar las actividades de expresión escrita como los concursos y grupos de escrituras para proporcionar un espacio que permita a nuestros futuros escritores expresarse con propiedad y seguridad. Tal vez encontremos a ese escritor que se oculta detrás de una cortina de inseguridad porque no ha sido motivado a expresarse. Mis primeros escritos me dieron esa oportunidad que todavía conservo y espero que sea para el bien de mis lectores.