En Panamá hay un boom sin precedentes en la industria de la construcción, y los proyectos están dirigidos hacia la clase pudiente y los extranjeros.
También existen muchos incentivos para los extranjeros que quieran jubilarse en este país.
Cuando los norteamericanos y europeos ven en la Internet los megaproyectos que están en oferta, asumen muchas cosas que no están acordes con la realidad de Panamá.
Ninguna de estas personas pensaría que se están vendiendo proyectos que no tienen planos, que no tienen permiso de construcción, que no llenan las mínimas medidas de seguridad en casos de incendios o terremotos, que están localizados en lugares donde la infraestructura de calles, alcantarillados, servicio de electricidad ya están sobrecargados. Incluso, algunos todavía ni tienen título de propiedad del terreno.
Se propaga que aquí circula libremente el dólar americano y que nuestra economía está creciendo a un 8% anual, pero no se informa igualmente que los dólares los tienen unos cuantos y que Panamá tiene el honor, junto con Haití, de ser los dos países con la peor distribución de la riqueza en nuestro continente.
También se informa que nuestro sistema de gobierno es constitucional y democrático, pero no se dice que las leyes se hacen para favorecer a unos cuantos, por supuesto a los gobernantes incluidos, y que a nadie le preocupa la situación de salud, educación y justicia del pueblo.
Una parte de la empresa privada en Panamá es sumamente exitosa. No solamente por su inagotable creatividad, sino porque cuenta con el sello del gobierno que, en vez de hacer su trabajo y controlar los deseos humanos de los empresarios, se les une a ellos por las sumas que les tocan.
¡Pobre Panamá! ¿Dónde está la persona que puede hacer algo por este país que va por el mismo camino que nuestro vecino Venezuela? ¿Cómo es posible que todas las personas educadas, inteligentes, con visión, que tiene este país, se aguanten semejante despliegue de corrupción a todo nivel?
Los gobernantes de turno y muchos empresarios sufren de miopía o son infinitamente malvados. ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que sus fechorías los harán ricos, mas no les permitirán disfrutar de la riqueza a largo plazo? ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que harían muchísimo más dinero, por muchísimo más tiempo, si armonizaran sus proyectos de inversión dentro de un marco de desarrollo sostenible que beneficie a todos, para que todos podamos comprar, todos podamos trabajar, todos podamos contribuir de una manera real a la economía del país? Eso es lo que hacen los países del primer mundo y donde Panamá no parece que va a llegar.

