En lenguaje sencillo, el término homofobia hace referencia al rechazo, odio, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, de acuerdo con la enciclopedia virtual Wikipedia y que combina las palabras griegas fobia (miedo), con homo, apócope de “homosexual” (sexo con lo igual).
La palabra fue utilizada por vez primera, en inglés, en 1971 por el psicólogo estadounidense George Weinberg y su uso en medios periodísticos, científicos, políticos, etc., pronto se popularizó, hasta el punto que la Real Academia Española lo incluyó por primera vez en la vigésimo segunda edición de su diccionario, y lo define como “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”.
A mediados de la década de 1990, en nuestro país, la comunidad gay, a través de la Asociación de Hombres y Mujeres de Panamá, ha venido utilizando sistemáticamente este término para expresar el grado de frustración que sienten por no ser aceptados y califican de homofóbico a todo aquel que no esté de acuerdo con su orientación o preferencia sexual.
El blog Mitos y Tabúes sobre la homosexualidad señala: “Gran parte de personas que tienen tendencias homosexuales y no las aceptan son homofóbicos debido a este miedo. La comunidad homosexual tiene una gran homofobia interiorizada debido a la falta de aceptación”. Agrega que el miedo a la homosexualidad se pierde cuando se entiende los mitos que la rodean y se estudia sobre sexualidad. La homofobia en la colectividad homosexual se pierde cuando hay sensibilización y sobre todo valorización del ser humano elevando su autoestima.
Activistas gais de Panamá realizaron, recientemente, una marcha exigiendo respeto a sus derechos humanos, porque aducen que existe un alto grado de intolerancia contra ellos y que constantemente son víctimas de humillaciones, discriminaciones y de maltratos físicos y psicológicos.
Quizás su malestar provenga de la difusión de algunos noticias que reportan redadas nocturnas, donde aparecen retenidos travestis, homosexuales y prostitutas, quejándose de excesos cometidos por las autoridades de policía, lo cual a nuestro juicio es repudiable. Pero creemos firmemente que el panameño común y corriente no es homofóbico como lo afirma la comunidad gay, el tema le es indiferente. Sin embargo, prefiere mantener una distancia prudencial, alejado del antro y de sus actividades propias, lo cual no debe interpretarse que le profesemos odio, discriminación o aversión.
No obstante, reconocemos que existe una marcada resistencia de sectores conservadores de la sociedad, que no aceptan bajo ningún pretexto, las uniones libres de un mismo sexo ni matrimonios gay, porque consideran que ejercen una mala influencia en nuestra juventud.
El blog ecuatoriano que hemos citado termina diciendo que “La religión ha sido mal utilizada para justificar el odio y la opresión. Hace menos de 50 años, algunas iglesias defendían la discriminación racial, basándose en que estaba permitida en la Biblia”.