Ha resultado perturbador oír y leer sulfurosos ataques y llana discriminación en torno al edificio de una mezquita a dos calles del sitio de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Así que resultó sorprendente que la Comisión de Conservación de Hitos de la Ciudad de Nueva York votara este martes, con 9 a favor y 0 en contra, a favor de reafirmar uno de los principios básicos de la democracia: la tolerancia religiosa.
En vez de ceder a las voces iracundas, muchas, pero no todas, de políticos republicanos que se promueven a sí mismos, los comisionados han pavimentado el camino para la construcción de la mezquita y centro islámico. No sólo fue la acción correcta a seguir, sino fue lo único que se podía hacer.
Los atentados del 11 de septiembre no fueron un suceso religioso. Fueron un asesinato masivo. La respuesta estadounidense, como han dicho el presidente Barack Obama y el presidente George W. Bush antes de él muchas veces, no fue una guerra en contra del islam.
No fue sorpresivo que ideólogos republicanos como Newt Gingrich y Sarah Palin salieran en contra de la mezquita. Un candidato en Carolina del Norte ha encontrado que esa es una buena manera de captar atención y, sí, atizar el prejuicio en contra de musulmanes. Nosotros esperamos este tipo de conducta de este tipo de republicanos. Han estado jugando desvergonzadamente a la política del miedo desde el 11 de septiembre.
Algunas de las familias de las víctimas de los atentados, quienes merecen nuestro respeto y compasión, se muestran intranquilas con respecto a la mezquita. Sin embargo, sería una injusticia mayor a la memoria de sus seres amados ceder al temor mismo que los terroristas deseaban crear y, por tanto, abandonar los principios de libertad y tolerancia.
Sencillamente no había excusa para la conducta de la Liga Antidifamación, que ansiosamente se sumó a los opositores de la mezquita. “No se debería construir a la sombra del World Trade Center”, dijo el grupo, porque eso causaría más dolor a algunas víctimas”.
Fue perturbador presenciar la racionalización de intolerancia empleada por una organización que ha estado combatiendo la discriminación de todo tipo, particularmente durante algunos de los peores días del Ku Klux Klan.
El alcalde Michael Bloomberg estuvo muy atinado en un discurso en Isla de los Gobernadores, dentro del campo visual de la Estatua de la Libertad. Dijo que la mezquita propuesta era una prueba de separación tan importante entre iglesia y Estado como cualquiera que pudiéramos ver en toda nuestra vida, y es de importancia crucial que la aprobemos.
Los planes para el centro de 100 millones de dólares deberían alentar a quienes quieren que musulmanes y no musulmanes en Estados Unidos encuentren terreno en común. Bloomberg notó en su discurso que en EU y en la ciudad más libre del mundo”, los propietarios del edificio tienen el derecho a usar su propiedad como una casa de veneración. “El Gobierno no tiene derecho alguno a negar ese derecho”, dijo. Nosotros coincidimos con su evaluación en el sentido que las demandas legales que estén siendo amenazadas en contra de la mezquita deberían ser descartadas con facilidad.
El consejo local de la comunidad también ya le dio su aprobación al centro musulmán.
Lo anterior no ha impedido que Rick Lazio, candidato republicano para gobernador, convierta la histórica votación de la comisión en una desagradable oportunidad publicitaria para su campaña. “Esto no es sobre religión”, dijo. Es sobre esta mezquita en particular”.
Lazio está equivocado. Nos da curiosidad saber dónde en la Constitución encuentra el poder para que el Gobierno le niegue a cualquiera el derecho a construir una mezquita, iglesia, sinagoga o cualquier otra casa de culto en particular.