En las grandes ciudades hay pequeños barrios, pequeños villorrios dentro de la urbe, que tienen una personalidad propia, un saborcito de pueblo autónomo. Si bien el barrio de San Felipe carece de muchos elementos para su autocontención, sí que tiene su propio saborcito, su propio estilo que lo distingue del resto de la ciudad. Además, geográficamente está bastante segregado del resto de la metrópolis. Y si bien hay muchos bares y restaurantes yeyés, se necesita más sitios donde los lugareños desafortunadamente, me circunscribo a quienes tienen la suerte de contar con ingresos disponibles para comer afuera puedan ir sin romper el chanchito. Mostaza, nuevo restaurante y bar situado enfrente del Arco Chato, ayuda a llenar este vacío, ya que reúne las características del punto de tertulia, del restaurante familiar tan prototípico de un burguito. Tiene un ambiente acogedorcillo y la atención personal y cálida de los dueños recuerda a los negocios donde mamá atiende los fuegos de la cocina y papá atiende a la clientela en el comedor. O viceversa, como sucede en este caso. Ella se ocupa del salón y él, del fogón.
El polígono tiene dos ambientes: el primero, cerca de la puerta, es de no fumar y el segundo, el bar, es para fumadores. Como nos sentamos en el primero tuvimos oportunidad de ver el trato que recibían las otras mesas, que no fue menos efusivo y atento que el ofrecido a la nuestra, por lo que es irrelevante que hayan reconocido a Aristóloga o no (no estoy segura). Nos enviaron unas pequeñas raciones de morrones asados en aceite de oliva y de berenjenas en vinagreta, ambas deliciosas. Como queríamos probar la oferta del menú comenzando por los sabores más delicados, rompimos el esquema tradicional y pedimos, primero, unos ravioli rellenos de calabaza. Vino un plato más que generoso de las almohaditas rellenas, con una salsa de crema con salvia que estuvo bastante buena. Los ravioli estuvieron demasiado al dente para mi gusto, pero en general el plato estuvo bien.
Luego vinieron a la mesa una orden de chistorras, esos choricitos españoles tan ricos (algo subidos de sal para mi gusto), y una de hongos Portobello (dos grandes para ser exactos, excelente costo-calidad). Francamente, un Portobello a la plancha es un Portobello a la plancha, para parafrasear a Gertrude Stein, pero el contorno de ajitos asados estuvo regio. Cremositos, despojados de su picor, fueron sublimes y elevaron al hongo.
La ensalada caprese que siguió también fue buena relación costo-calidad, porque era enorme y contaba con unos siete pares de quesos (mozarella fior di latte fresco) con tomate. Un RDT vegetariano pidió una guabina con salsa de tamarindo, que estuvo fresquita y suavecita, como debe ser la guabina. La salsa de tamarindo también impecable, excepto que abrumó un poco al tierno pescadillo. Siendo un restaurante de argentinos, no podía faltar el asado, que se manifestó en la forma de un bife de chorizo, de perfecta textura y cocción (medio, a la perfección) y una entraña (que no tiene nada que ver con las tripas del bovino; se refiere al corte) también llena de sabor. Vinieron acompañados de una salsa chimichurri con pepperoncini, o sea ají picante seco en hojuelas, aceite y ajo, que también estuvo estupenda. De que sean importados o no, según dice el menú, no sé. Pero estuvieron buenos y sí lo son, de buena calidad por un precio bastante razonable. Sin embargo, creo que en Panamá producimos buenas carnes también y me arrepiento de no haber pedido un corte nacional. Será la próxima.
El pan, me faltó decir, estuvo caliente, unos bolillos sabrosos y compactos, muy estilo francés; además, viene con mantequilla de verdad. De postre probamos un delicia de coco (de los típicos, de nevera en bandeja refractaria) sabrosa y un pie de limón, híbrido con relleno de Key Lime pie con merengue asado encima, que estuvo bueno, excepto que la masa, como es de esperar, ya no estaba firme. Pedimos unos cafés y nos ofrecieron un pousse-café, cortesía de la casa. Me sorprendió, hasta Pacharán tenían. La lista de vinos es corta pero razonable. Dixit.
Presupuesto: $$ Dirección: San Felipe, en frente del Arco Chato Horario: de lunes a viernes de 12 mediodía a tres de la tarde, y de 5 de la tarde hasta las 11 de la noche. Sábado solo en tanda nocturna, y domingo cerrado. Teléfono: 228-3341 Acceso a discapacitados: Al ras de la acera.Aceptan: Visa y Master Card Recomendados: Pimientos morrones, berenjenas a la vinagreta, bife de chorizo ($16.00) Buena relación costo-calidad: Hongos Portobelo ($4.00), ensalada caprese ($4.50)
