Muerte de un poeta

Muerte de un poeta
El poeta, periodista y escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra murió a los 89 años de edad.

Daniel Domínguez Z. y Manuel Vega Loo ddomingu@prensa.com

El miércoles 2 de enero, a las 6:14 p.m., murió el bardo Pablo Antonio Cuadra en su casa en Las Colinas (Managua, Nicaragua) a los 89 años de edad, después de sufrir una prolongada enfermedad en los pulmones. La Prensa de Nicaragua, diario del que fue director por varios años, informó que “en su lecho de muerte le acompañaron su esposa Adilia Bendaña de Cuadra y algunos de sus familiares más cercanos, quienes estuvieron a su lado en los últimos minutos, cuando lentamente cerraba sus ojos sin ningún gesto de angustia ni dolor”.

Agrega el rotativo que el destacado bardo “estuvo muy enfermo por casi 12 meses y desde septiembre pasado no ingería comidas por su cuenta, por lo que recibía sus alimentos a través de sonda”.

Por su parte, El Nuevo Diario de Nicaragua informó que Cuadra estaba muy delicado de salud desde diciembre, cuando “se agravó con los repentinos decaimientos. Y fue ayer (miércoles) cuando finalmente pidió no ser tratado. Los pulmones se le paralizaron y luego de varios esfuerzos, prefirió pasar a otra vida. Sus familiares cumplieron su deseo”.

De acuerdo a sus familiares los padecimientos del artista se agravaron tras una operación que le fue practicada en Costa Rica en 1995.

Su última aparición pública fue el 3 de febrero del año pasado, cuando recibió un doctorado Honoris Causa de la Universidad Americana.

Sus funerales estaban programados para realizarse ayer jueves, en Granada, su ciudad natal, a 45 kilómetros al sureste de Managua.

Recordó El Nuevo Diario que PAC, como habitualmente firmaba los editoriales de La Prensa Pablo Antonio Cuadra, falleció “exactamente el mismo día en que lo hizo su madre, Mercedes Cardenal de Cuadra, de quien se conoció fue la primera que instruyó sus letras”.

Hombre sencillo Uno de los oficios más admirados en Nicaragua es el de poeta. Por eso no sorprende que Cuadra fuera considerado en su país una leyenda viviente.

La admiración por su persona era mayor porque en todo momento practicó una importante virtud: la humildad, él que pudo creerse mucho por tener una notable presencia iberoamericana.

Hay una anécdota que confirma su condición de hombre sencillo. Una escritora panameña contaba en una ocasión que personas cercanas a la Academia Sueca de Letras, encargada de dar el Premio Nobel de Literatura, se acercaron a Cuadra a inicios de los ochenta porque estaban interesados en su trabajo y le pidieron que se trasladara a ese país europeo para que ofreciera una serie de presentaciones y así tener mayores posibilidades de recibir esta distinción.

El autor de Por los caminos van los campesinos contestó que en Suecia había mucho frío y que no estaba para estar dando semejantes saltos geográficos. A los años, el Nobel que siempre le entregan a un artista de habla castellana, en un promedio de cada 10 años, recayó en el mexicano Octavio Paz.

Otro que no fuera Cuadra, hubiera ido al Artico con tal de tener aunque fuera una pequeña oportunidad de recibir un galardón que no solo da fama mundial sino también hace que las cuentas bancarias aumenten considerablemente.

Reacciones Alvaro Sevilla, embajador de Nicaragua en Panamá, comentó a La Prensa de Panamá que era la “imagen literaria” de su país en el exterior. Agregó que es “una perdida sensible” por lo que representa para la literatura y el periodismo de su país.

Aunque no tenía ninguna información oficial a la hora de cierre de esta sección, piensa que en Nicaragua se hará un “gran duelo nacional”.

Sevilla anota que Cuadra mantenía una estrecha relación con lo más granado de las letras del continente, quienes lo reconocían como “la figura más destacada del vanguardismo latinoamericano”.

En tanto, el escritor Sergio Ramírez dijo a la agencia Reuters al enterarse de la muerte de Cuadra que “Nicaragua pierde a uno de sus grandes poetas del siglo XX ... él fue un poeta siempre apegado al rigor de la palabra, y con la excelencia literaria pudo recrear el mundo nicaragüense, algo que no es fácil”.

La escritora Blanca Castellón declaró a La Prensa de Nicaragua que fue “un poeta que ha muerto con olor a santidad, porque fue un cristiano de la palabra y creo que al iniciar este año deberíamos de hacer minutos de silencio para reflexionar y leer la vasta obra que nos ha dejado”.

Carlos Tünnermann, miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, explicó al citado medio que su ida es “una muerte sensible para las letras y la cultura nacional debido a que es uno de los valores hispanoamericanos de la literatura y del humanismo más relevante”.

Hacer Cultura Pablo Antonio Cuadra, quien el 4 de noviembre cumplió 89 años, se dedicó desde muy joven a la literatura. Junto a otros renombrados escritores nicaragüenses como Joaquín Pasos y Julio Ycaza Tigerino inició en 1931 el movimiento literario de vanguardia que rompe con el modernismo, cuyo principal exponente era precisamente un compatriota suyo, Rubén Darío.

En labor poética se destacan piezas suyas como Poemas nicaragüenses (1943), Canto temoral (1943), El jaguar y la luna (1959), Cantos de Cifar (1972) y el libro de cuentos Por los caminos van los campesinos, traducidos a varios idiomas.

Otros poemarios de su autoría fueron Libro de horas (1944), Poemas de un crepúsculo a cuestas (1949), La tierra prometida (1952), Elegías (1957), Zoo (1962), Canciones de pájaro y señora (1964), Noche de América para un español (1965), Poesía escogida (1968) y Doña Andreíta y otros retratos (1971).

Otros libros suyos son Cuaderno del Sur, Esos rostros que asoman en la multitud, Homenajes, Siete árboles contra el atardecer, El indio y el violín, Tun-la Ronda del año (Poemas para un calendario) y la trilogía poética Libro de las profecías, Libro de los epigramas y Personaje.

Entre sus ensayos figuran Hacia la Cruz del Sur (1936), Breviario Imperial (1940), Promisión de México (1945), Entre la Cruz y la Espada (1946), El nicaragüense (1967), Introducción a la literatura nicaragüense y otros ensayos, Otro rapto de Europa y Torres de Dios.

Como dramaturgo es autor de El árbol seco y Satanás entra en escena.

El de los mil oficios Este artista destacó como poeta, prosista, dramaturgo y pensador. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, entre otros, el inglés, el italiano y el alemán.

Además de todo esto, también se dio a conocer como periodista y director del periódico La Prensa, órgano opositor al gobierno de la familia Somoza (1934-1979) y del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de 1979 a 1990.

Cuadra también dirigió La reacción, Trinchera y fundó y dirigió La Vanguardia. Más tarde sería director del suplemento La Prensa Literaria y de la revista El pez y la serpiente.

Adicionalmente, fue agricultor, ganadero, maderero, además de un prolífico pintor, expresión esta que ha quedado reflejada en muchos de sus libros, que ilustró con sus dibujos.

También se dedicó a la política, siendo diputado de las Cortes. Asimismo, y de forma provisional, fue encargado de Negocios de Nicaragua en España, hasta la llegada de su padre, Carlos Cuadra Pasos, titular de la Legación de Managua, en este país.

Estudió derecho hasta cuarto año. Vivió en España y en México en la década de los 40. En 1946, ocupó la Presidencia del Instituto de Cultura Iberoamericano.

Cuadra, al momento de fallecer era director de la Academia Nicaragüense de la Lengua correspondiente de la Española.

Se casó con Adilia Bendaña que le sobrevive y deja cinco hijos.

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