Multicentro y su peor enemigo

El multicentro necesita convertirse en un buen ciudadano corporativo de la Nación que lo recibe en su seno

Algo así puede estarle ocurriendo al dueño del multicentro y a su gerente de proyecto; cada uno ha tenido, en su ramo, éxitos espectaculares. Juntar sus fuerzas –(uno con el dinero y el otro construyendo centros comerciales en Colombia)– era por lógica una combinación imbatible. Se lanzaron a un proyecto de centro comercial lujoso de proporciones nunca antes vistas en Panamá, que todos celebramos como una gran inversión beneficiosa para el país. Habían estudiado profundamente el posible agravamiento de tráfico frente al centro mitigando al máximo los problemas, y presentaron el proyecto –sin puentes– a las autoridades, logrando todas las aprobaciones.

Sin embargo, de repente, a última hora y estando el proyecto casi concluido, a alguien se le ocurre mejorar la situación del tráfico “para el futuro”, y presenta un puente en plena Avenida Balboa que requiere de un relleno en la bahía que además interrumpe la vista de la misma. La bahía es el activo más importante de la ciudad de Panamá, y con esto se le produce una gran herida para beneficio exclusivo de un centro comercial. Presentaron las solicitudes para algunos permisos; la ANAM –correctamente– les pidió que reformularan la solicitud con categoría II, que exige consulta pública. El MIVI, el ente rector, estudiaba... la Autoridad Marítima otorgaba permiso sin tener nada que ver, el MEF estudiaba, Ingeniería Municipal, en Babia. En eso, la presidenta viaja a una cumbre con el presidente de Colombia e invita al viaje en el avión presidencial a Pedro Gómez, colombiano gerente del proyecto. Ya a bordo, la presidenta, como es natural, le pregunta a Gómez cómo va el proyecto, a lo que él le contesta que bien pero que hay un problemita de unos permisos para una rampita de acceso, que no salen. Ella, quizás presumiendo que era un caso usual de parálisis burocrática, hizo unas llamaditas y, por arte de magia, ANAM cambió su inicialmente correcta postura, Ingeniería Municipal corrió a aprobar, etc...y salieron permisos de forma ilegítima. La ciudadanía se enteró de todo cuando en la obscuridad de la noche los tractores iniciaron la destrucción de la Avenida Balboa.

La ciudadanía inició su protesta liderada por la Fundación Libertad Ciudadana cuya directiva presido, y un prestigioso grupo de arquitectos que ha presentado varias opciones viables. Una es un túnel por debajo de la avenida, a igual costo, y otra –aún mejor– entra a nivel de la Balboa, pasando por la parte inferior de los estacionamientos del antiguo Holiday Inn para entonces hacer puente arriba de la Balboa hacia el centro comercial por el Boulevard frente a la Nunciatura, en un punto alejado totalmente de la bahía. Hay otros más, todo lo cual muestra una actitud positiva y constructiva por parte de la ciudadanía.

¿Respuesta del multicentro a todos sus potenciales clientes y vecinos? “Hacemos lo que nos venga en gana, porque tenemos los permisos” (o, dicho en palabras más exactas,) ¡porque contamos con la llamada de la presidenta! Haremos caso omiso a la ciudadanía aunque dañemos el activo más importante de la ciudad de Panamá. El ministro del MOP, un joven político en quien yo fincaba grandes esperanzas, dice “el puente...va!” (le faltó el “¡Desde ya!” para completar con la célebre y desafortunada frase de los uniformados).

O sea: los dueños del multicentro y su gerente de proyecto se han convertido en sus propios peores enemigos. ¿Habrán olvidado que no construyen caminos sino un centro comercial cuyo éxito requiere de clientes y que los del vecindario afectado negativamente son sus naturales clientes?

Repito: celebro la inversión extranjera en nuestro país... me preocupa que la controversia haya alborotado en muchos la xenofobia odiosa, pero insisto en que el multicentro necesita convertirse en un buen ciudadano corporativo de la Nación que lo recibe en su seno.

Apelo al sentido ciudadano de la presidenta (quien no necesita este nuevo lío cuando falta poco para terminar su período); de Norberto Delgado, ministro del MEF – que todavía no ha aprobado–, y del ministro Cárdenas, del MIVI. Les toca a ellos ordenar la suspensión de la obra hasta definir (en un máximo de una semana) la mejor alternativa de entre las presentadas por los arquitectos. Cada roca tirada a la bahía por el multicentro es una herida profunda a la ciudadanía panameña, cuando por lo contrario demostrar sensibilidad les garantizaría el reconocimiento público y así, todos juntos, podríamos celebrar la próxima inauguración del multicentro.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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