[COMPETENCIA]

Multinacionales ‘go home’

De las 500 empresas líderes en Argentina, casi 400 son extranjeras, es decir, que pertenecen a grupos con gran capacidad de cabildeo y economías de escala.

Los líderes populistas, con frecuencia, han culpado a las empresas multinacionales de todos los males en sus países. Comportamiento esquizofrénico, sin dudas, porque ese odio suele terminar en una negociación, presentada por el gobierno como un éxito en la “lucha por la liberación nacional” pero que en realidad muchas veces incluye algún trato especial para estas corporaciones, mejor de lo que hubieran logrado compitiendo en el mercado.

En Argentina, Juan Domingo Perón nacionalizó los ferrocarriles, por ejemplo, pagando por ellos a la compañía inglesa propietaria bastante más que su valor real.

Resulta que las empresas gigantes no son un producto natural del mercado. Peter G. Klein asegura que “lo típico es que las grandes firmas surjan donde los mercados... sufren la interferencia gubernamental; éstas circunstancias proporcionan ventajas” a las grandes corporaciones que, entre otras cosas, tienen gran capacidad de cabildeo, con lo cual a menudo logran la promulgación de regulaciones que las benefician o que dificultan y hasta impiden las operaciones de sus rivales.

Así vemos cómo las multinacionales ocupan un lugar preponderante (y hasta dominante) en la economía de muchos populismos latinoamericanos, mientras que esas mismas empresas tienen poca influencia en sus países de origen, como Estados Unidos.

En Argentina, durante los años 90, se favoreció a las grandes corporaciones con políticas “neoliberales” que privatizaron empresas estatales, aplicando infinidad de regulaciones, y creando monopolios en manos privadas. Es decir, se multiplicaron los privilegios concedidos por el gobierno, cosa que los cabilderos supieron aprovechar.

En el plano de las telecomunicaciones, por ejemplo, pequeñas empresas fueron barridas porque el Estado les prohibía funcionar, luego de otorgar el monopolio a grandes grupos económicos multinacionales.

Así hoy, de las 500 empresas líderes en Argentina, casi 400 son extranjeras, es decir, que pertenecen a grupos con gran capacidad de cabildeo y economías de escala, que así es como controlan casi el 75% de las exportaciones del país, el 69% de la producción y el 84% de las ganancias empresariales.

Las corporaciones extranjeras pasaron de representar el 60% de la cúpula empresarial en 1993 a 86% en 2009. Esta “multinacionalización”, que no puede verse como algo “antipatriótico” porque los capitales no tienen pasaporte (¡por suerte!), sí es un indicador del retroceso de las pequeñas y medianas empresas (Pymes), generalmente de capitales locales.

Además, las trabas burocráticas a menudo imposibilitan el ingreso al mercado de nuevos y pequeños inversores, ya sea porque el Estado les exige una capacidad financiera exagerada o por la imposición de otras trabas. De hecho, en Argentina, abrir una empresa requiere unos ocho meses de diligencias burocráticas, lo que promueve la informalidad.

Las regulaciones laborales, por ejemplo, son tan gravosas que muchos hacen todo lo posible por evadir la ley. Así, hoy el país de las pampas es uno de los que en Latinoamérica tiene más trabajadores informales, 51% fuera del sistema laboral legal.

Tomemos como ejemplo una pequeña o mediana empresa con 20 años de fundada en Buenos Aires y con 25 empleados a quienes paga un sueldo promedio de 350 dólares mensuales. Si dentro de 10 años decide cerrar el negocio, el monto a pagar en concepto de indemnizaciones será de unos 400 mil dólares.

Es decir que dentro de 10 años tendrá ese pasivo, independientemente de cómo le haya ido al negocio y solamente por haber cometido la imprudencia de contratar trabajadores legalmente.

En definitiva, esta verdadera prohibición al trabajo que significan las leyes laborales, coactivamente (violentamente) impuestas por el poder de policía estatal, es la desocupación que nunca puede tomarse como algo natural y menos en países en vías de desarrollo donde, precisamente, todo está por hacerse. En fin, hablando de prohibir el trabajo, una idea innovadora es la del presidente Chávez que decidió declarar no laborable toda la Semana Santa con lo que los empleadores tienen que pagar salario a cambio de... nada. Y esto claro, lo sufren más las empresas más pequeñas que son las que menor capacidad financiera tienen.


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