GESTIÓN CULTURAL

Museo del Oro y otros fantasmas

He leído, con sorpresa, las declaraciones que hace la directora del Instituto Nacional de Cultura (Inac) con relación a la creación de un “Museo del Oro” en la Torre Financiera, para albergar “más de 20 piezas de orfebrería” que no están expuestas porque las instalaciones del Inac no tienen condiciones para ello.

Estas declaraciones están lejos de afirmar la misión de esa entidad y se configuran como una cortina de humo sobre el derecho que tenemos los panameños de apreciar, valorar y comprender el alcance universal del arte precolombino de nuestros antepasados. Están, además, revestidas de ignorancia en temas museográficos y débiles, desde la perspectiva técnica sobre las condiciones del acervo cultural que posee Panamá. Sobre estos temas tengo varios comentarios que hacer.

La actual sede del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz (Marta) no se construyó para albergar la colección de arqueología y oro que tiene bajo su custodia. Lo cierto es que se construyó como el Museo del Niño y de la Niña, que fue transferido al Inac en el año 2005.

Ese año se hizo el traslado desde la antigua Estación del Ferrocarril, en la 5 de Mayo, hacia los Llanos de Curundú. El Marta abrió puertas en 2006, con una exhibición que mostró la colección, en préstamo, de los bronces de Rodin. El conjunto de esculturas es la colección privada más importante del escultor francés. En esa ocasión tuvimos el privilegio de gozar por unas semanas con una muestra de la universalidad del arte del siglo XX.

Luego del desfile de los bronces de Rodin por las salas del Marta quedó una exhibición de poca monta de una selección de cerámica y orfebrería y los monolitos del Sitio Barriles. Después, hemos sido testigos de las más variopintas exhibiciones y eventos. Tuvimos que soportar exhibiciones mediocres de arqueología panameña y, más tarde, otras sobre panameños notables. Vimos un homenaje merecido a la Dra. Reina Torres de Araúz, gestora del museo que lleva su nombre, pero fue una exhibición pobre y mediocre, que no hizo honra a su memoria.

También pasó por el Marta una colección de vestidos y aparejos de reinas de Carnaval y cualquier otra cosa imaginable. Después de eso, me desconecté del infortunio en que estaba cayendo ese espacio cultural. La más reciente de las frivolidades es la que se muestra hoy. El Marta es el techo que alberga una exhibición de dinosaurios de plástico –al estilo Jurasic Park–, promocionada por una empresa de conciertos y espectáculos de música popular, a la que supongo el Inac le alquiló el espacio.

Las salas del Marta han sido entregadas por los administradores de la cultura a los promotores de espectáculos locales para exaltar estereotipos hollywoodenses, llenos de fantasía, en desmedro del peso de la universalidad del arte precolombino panameño. No hablemos del Teatro Balboa, que también, sin desvalorizar a cantantes y bailarines, ha desplazado su uso primordial hacia otros que no tienen nada que ver con la naturaleza de su creación.

¿Por qué no anunciar para el Marta la creación de una sala de arqueología, con las piezas que fueron devueltas al Estado durante el fastuoso viaje diplomático a la ciudad de Washington? ¿Por qué no hacer un convenio con el Peabody Museum de la Universidad de Harvard para exhibir, en préstamo, parte del oro de Sitio Conte? ¿Por qué no exhibir los últimos hallazgos de oro y cerámica de El Caño y aquellos provenientes de cerro Juan Díaz? Y ¿por qué no solicitar al Vaticano el ajuar de oro que se fue a la Expo de Sevilla en 1992 y que nunca regresó? ¿Por qué, en vez de disgregar la colección del Estado con el respectivo aumento de los costos para su custodia y conservación, no pensamos en centralizarla? ¿Por qué no asignar recursos para poner en valor las salas del Marta para las colecciones de orfebrería que ya tiene? ¿Por qué no invertir en una museografía decente, con contenido y de alta calidad para los espacios que existen?

Sustentar la Torre Financiera con “un museo para albergar algo más de 20 piezas” es otra improvisación, como lo es el argumento que mediatiza la exhibición del oro que se tiene. Queda en evidencia que las declaraciones de las autoridades de cultura son el eco del interés particular para la construcción de una Torre Financiera que no necesitamos. Las declaraciones de apoyo son otra expresión y evidencia que la política cultural de panameña duerme en otro lado y está plegada a otros propósitos.


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