Una de las funciones del docente o facilitador (a) educativo es auxiliar a sus estudiantes con una acertada inspección en los valores democráticos que se reducen en valores que contribuyen a la formación de conductas positivas. Los valores democráticos se basan en las necesidades emocionales e intelectuales satisfechas. Hay un valor democrático importante: el interés por el bienestar de los demás y respeto a la personalidad humana. Recordemos que los docentes a los ojos de los discentes somos personas importantes. Esto es más que uno de tantos elementos humanos en el ambiente escolar que rodean al discente.
La imitación es un hábito que el estudiantado adquiere inconscientemente. Imita a las personas que están emocionalmente unidas a sus intereses y que a sus ojos tienen buen prestigio. Aprenden a imitar sus modales, lenguaje, actitudes y cualidades. Todos hemos aprendido más del ejemplo que del precepto. Por eso, cuando el maestro (a), educador (a) o facilitador (a) se esfuerza porque el discente se sienta digno o digna de atención, le estamos enseñando el medio adecuado para progresar y para vivir de acuerdo con las normas democráticas. Solo así aprenden, luego, a valerse por sí mismos (as).
A veces nos sentimos muy decepcionados a causa de que no podemos satisfacer cuanto anhelamos. En ocasiones nos vencen estas decepciones y perdemos la serenidad; hacemos cosas que no nos agrada hacer, por ejemplo: molestar y regañar. Por pura casualidad he encontrado a educadoras y educadores que en conversaciones triviales han respondido: "lo cierto es que me equivoqué de profesión". Esto es alarmante ya que en vez de enriquecer el quehacer educativo y querer completar el alcance de nuestras buenas obras en este país, transmitimos decepción.
Muchos docentes han recompensando con sus sabiduría a sus estudiantes, por eso, son casi un proverbio y aunque la educación no puede hacer nada en este mundo lleno de vagabundos con educación, duele cuando casi como si los estuviéramos entrevistando responden: "no nací para educar a nadie". Esto es alarmante: no entender de valores, ni de ética ni de pasión por lo que estamos haciendo, es peligroso.
El ambiente en el sector educativo está muy lastimado por la carencia de disciplina y de respeto, pero si nos mantenemos firmes, perseverando lo alcanzaremos ya que todo hábito es el resultado de la perseverancia. Es una forma de pensar, sentir y responder de la misma manera una y otra vez, bien hablemos de educación, o sobre el manejo de los automóviles, o sobre actitudes negativas como la violencia, la ira o la depresión. Debemos ser optimistas y tener una actitud de esperanza, de cambios positivos.
Se inicia el próximo año escolar y ya se ven los materiales educativos en los almacenes y los uniformes escolares listos para almidonar y para planchar. Ya se están terminando las vacaciones y las largas horas escolares vendrán con su rutina diaria.
Colegas, aunque en el aula de clases la motivación debe darse a través de la exacta apreciación del progreso de los alumnos y de las alumnas, la persistencia o la perseverancia nos indican que no debemos claudicar en nuestra labor educativa. Por eso seguiremos tratando, seguiremos firmes a través de las dificultades. No somos criaturas de hábitos solamente, somos creadores de hábitos y estos deben ser positivos porque nacimos para educar.

