ESCOGENCIA.

¡Ñatore May, señor Defensor !

Ñatore May, nos dice María Olimpia de Obaldía que es el canto al dolor de la mujer guaymí, la cual, inmersa en su pobreza matizada por el hambre y la brutalidad del marido, se lamenta ante la vida al ver esta pasar.

Irónicamente, la palabra defensor lleva consigo un amplio significado, que implica protección y representación de los débiles, del marginado y de los olvidados ante la señora injusticia. Es por eso que se habla insistentemente, de "solvencia moral", pues se delega en la figura del Defensor del Pueblo los aspectos más nobles y sensibles del ser humano.

¿Importará la opinión de la mujer del campo? ¿De aquella mujer sumergida en lugares en donde no hay servicio de luz, no llegan los medios de comunicación, y por lo tanto no se entera de los actos bochornosos originados por nuestros gobernantes?

Es por eso que he querido, en esta ocasión, hacer referencia a la poesía muy criolla que narra la vida de la mujer del campo, que no conoce de procesos ni de leyes, la que solo sabe del arduo trabajo para lograr la supervivencia ante la miseria.

Lo que vimos el 3 de abril fue una toma de posesión plasmada de seguridad para impedir la entrada del pueblo, aún cuando el acto debió estar rodeado de regocijo por el nuevo defensor.

Desde pequeños nos enseñan que la familia es el pilar de la sociedad, que es en ella donde debemos aprender los principios morales y es por eso que la vida familiar de cualquiera que sea el Defensor del Pueblo sí importa. Y fue un grave error de parte del señor Liborio García considerar que la violencia familiar es un problema encasillado entre cuatro paredes y un techo.

Ante los altos índices de criminalidad que existen, necesitamos hombres y mujeres capaces de dirigir al país por senderos firmes de convivencia y lograr recuperar el orden social. Pero, ¿cómo conseguir estos ideales cuando percibimos la fuerza del "dedo", para designar a la persona para un cargo, poniendo como primer requisito: "tener influencia dentro de un partido político"?

Que todo lo que aconteció con la escogencia del defensor nos sirva como ejemplo para escoger a nuestros gobernantes. Es decir, analizar bien la figura de cada hombre y mujer dentro de la sociedad, y así evitar que nos den la espalda cuando demandamos justicia.


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