RECONFIRMAR EL VOTO.

Necesidad de una segunda vuelta electoral

He visto pasar varios procesos electorales, unos cuantos amañados durante la dictadura (incluyendo en el que quisieron arrebatar la voluntad popular en 1989). Los otros torneos electorales en democracia, luego de la invasión (o más bien debiera decir: liberación de la narco–dictadura), fueron bien llevados y sus resultados aceptados por todos los partidos políticos. Si la memoria no me falla, la única vez que presencié una victoria abrumadora fue en las elecciones de 1989 cuando el presidente Guillermo Endara ganó con más del 70% de los votos, resultado histórico que en parte era reflejo del repudio que sentía el pueblo contra la dictadura militar.

Apoyo la libertad y la democracia al igual que la mayoría de mis conciudadanos, pero me hago la siguiente pregunta: ¿Es democracia que un Presidente salga electo con 30%, 35% o 40% de los votos? Me pregunto también si debemos condenarnos a vivir con gobiernos elegidos por una minoría de la población que vota en cada período electoral.

No siempre los pueblos eligen al candidato más capaz para dirigir los destinos del país. Si nos vamos a equivocar, que siempre es una posibilidad, hagámoslo en mayoría. Pretender que en nuestro país se formen solo dos grandes partidos, como ocurre en Estados Unidos es una utopía poco probable por el momento, porque los colectivos políticos actuales están más preocupados en ver cómo se acomodan en una alianza, que en hacer planes de Estado que ayuden a resolver los problemas del país.

Los partidos políticos son importantes para la estabilidad democrática de los estados, pero al final, cuando llega el momento de la elección, debemos luchar por una segunda vuelta electoral. Por ejemplo, si en la oposición hay dos o más candidatos presidenciales, como ocurre actualmente, se vería quién saca más votos y éste podría entonces encabezar una alianza que integre a los hombres y mujeres más capaces de cada partido y, por qué no, a personas independientes con capacidad e integridad para que aporten con su esfuerzo y dedicación. De esta manera no se perdería tiempo en intentos de interpartidarias y luchas estériles que no llevan a ningún lado. Además, nos aseguraremos que los partidos grandes no piensen que por tener el 30% o el 35% de los votos se van a eternizar en el poder, gobernando de forma improvisada y no siempre por los mejores intereses del país y sus ciudadanos. Más bien deberán preocuparse por escoger a sus mejores candidatos y de ofrecer al electorado un plan de gobierno que sea producto de un verdadero esfuerzo por crear un proyecto de desarrollo económico y social que beneficie a todos los panameños.

Los políticos que apoyen una alternativa como esta darán una muestra de desprendimiento personal que los identificará como los verdaderos estadistas que necesita nuestro Panamá.


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