RECHAZO AL FANATISMO IRRACIONAL

‘Nous sommes tous Charlie’…: Daniel R. Pichel

Mi conocimiento de francés es muy básico, pero hoy me tomo la libertad de usar un título en el idioma de Molière y Víctor Hugo, en memoria de quienes murieron en el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo. A diferencia de la frase que se extendiera el día del atentado por todo el mundo, donde se dijo “Je suis Charlie” (yo soy Charlie), me parece válido ampliarlo al plural “Todos somos Charlie”.

Lo ocurrido el miércoles en París no puede ser justificado de manera alguna. El asesinato de personas simplemente porque sus expresiones no son del agrado de otros, es algo que no hay manera de entender en un mundo supuestamente civilizado como el nuestro. No hay razón alguna que explique cómo dos terroristas con las caras cubiertas disparan contra personas que simplemente hacían su trabajo.

Pretender que con esos actos de barbarie se cambiará la forma de pensar de la gente es ridículo. En Europa, las revistas satíricas son por tradición irreverentes y hacen bromas con todos los temas posibles, lo que es entendido por sus lectores. Quienes no quieren leerlas, simplemente que no las compren o no accedan a sus páginas de internet. En España, durante la dictadura franquista, las revistas La Codorniz y Hermano Lobo hacían bromas de las muchas veces que las cerró la censura gubernamental. De hecho, hay una anécdota de la genial La Codorniz, bajo la dirección de Álvaro De la Iglesia, que, a raíz de uno de aquellos cierres por burlarse del régimen del generalísimo, publicó en la portada, apenas reiniciaron su publicación…“Bombín es a bombón, lo que cojín es a equis… Y nos importa tres equis, que nos cierren la edición”… Por supuesto, ese mismo día fue cerrada de nuevo. Hoy, los españoles tienen la revista El Jueves, que mantiene esa línea de burla ácida contra hechos y personas. Y todos entienden que es parte de la libertad de expresarse que tienen todos los ciudadanos.

El caso es que lo ocurrido con los caricaturistas de Charlie Hebdo no parece tener precedentes en el último siglo. Durante la inquisición, la Iglesia católica quemaba gente por sus ideas heréticas. El más notorio, fue probablemente Giordano Bruno, quien defendió la “absurda idea” de que el Sol era el centro del sistema solar y cuestionó el pecado original, la divinidad de Cristo y su presencia en la comunión. La ejecución de Bruno, ocurrió en 1600, hace más de 400 años. No es que estuviera bien ni mucho menos, pero en aquella época, cuestionar los preceptos de la Iglesia católica era realmente peligroso. Por suerte, en todos estos años, no ha quedado más remedio que aceptar las críticas, principalmente si se basan en confirmación científica.

Ocasionalmente, se puede escuchar de algún caso aislado en el que personas con evidentes trastornos mentales matan a alguien por razones absurdas. Pero asesinar a 12 personas por el contenido de unas caricaturas se antoja de otra dimensión. En un mundo en que los derechos humanos elementales y la tolerancia a la forma de pensar de los demás parecen ser normas implícitas a la convivencia entre poblaciones, surge este fanatismo irracional que nos hace cuestionarnos sobre el camino que está tomando el mundo.

Algunos de los análisis que se han dado posteriores al ataque a Charlie Hebdo han mencionado el riesgo que representa cuestionar al islam y que era de conocimiento de los editores de la revista. Eso, es cierto. Durante los últimos años, hemos visto mucha información de atentados y acciones violentas de quienes aparentemente pretenden imponer su dogma religioso al resto de la humanidad.

La proyección mediática de estos grupos, talibanes, Al Qaeda e ISIS, han provocado una reacción compleja de parte de las sociedades que se ven afectadas por sus acciones violentas. En Estados Unidos y Europa, donde la población musulmana es muy numerosa, comienza a percibirse un sentimiento antimusulmán que resulta muy injusto. La inmensa mayoría de árabes y musulmanes no comulga de ninguna manera con las acciones de los radicales. Incluso, en Siria y Egipto están siendo víctimas de las ejecuciones masivas que realiza ISIS entre los que consideren infieles a su propia visión del islam.

Pero la reacción social a todo esto genera un círculo vicioso que hace muy complejo encontrar una solución al problema. Por un lado, las acciones de un pequeño grupo de personas, generan un sentimiento de rechazo hacia una gran población que no tienen responsabilidad alguna sobre lo que ocurre. Esto, a su vez, es la excusa que utilizan los radicales, no solo para seguir cometiendo sus actos violentos, sino para reclutar más jóvenes, bajo la premisa de que “occidente los odia”.

Lo que es un hecho, es que el mundo entero no puede permitir ser secuestrado por pequeños grupos radicales que pretenden obligar a todos a seguir sus premisas o que dejen de expresarse libremente por miedo a las represalias. Las manifestaciones que se dieron esta semana en todo el mundo confirman que son muchas las personas que no están dispuestas a ceder ante esos grupos. Al margen de que no tiene lógica alguna que aquellos que con su trabajo hacen sonreír a la humanidad, mueran por causa de eso. Mientras eso siga pasando, se justifica que el mundo entero grite a los cuatro vientos “Nous sommes tous Charlie”… @drpichel

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