[SOLIDARIDAD]

Nueva hermandad en La Española

Por primera vez, un gobierno dominicano ha sido apoyado por todas las instituciones del país en la decisión de abrir las fronteras a los haitianos heridos.

Nada será igual entre Haití y la República Dominicana. El terremoto de Puerto Príncipe dio un vuelco a la relación de los dos países que comparten la isla La Española. Desde su independencia, mantuvieron una hostilidad de vecinos mal avenidos, alimentada por dictadores y presidentes que mandaban en Puerto Príncipe y en Santo Domingo.

Todo cambió con el seísmo. Con una generosidad pocas veces vista, los dominicanos dejaron de lado animadversiones históricas para volcarse en la ayuda a quien quizá por primera vez consideran hermano haitiano. La solidaridad vino de todos lados: del presidente Leonel Fernández, de particulares, de ayuntamientos, asociaciones de vecinos, universidades y clubes sociales. Fue la sociedad dominicana en pleno la que se movilizó para atender a los damnificados.

Por primera vez un gobierno dominicano ha sido apoyado por todas las instituciones del país en la decisión de abrir las fronteras a los haitianos heridos. Se reconoció que era un momento crítico. Incluso el líder de la oposición, Vargas Maldonado, del PRD, dio un respaldo total a la decisión del presidente Fernández.

No se puede hacer una valoración global de la ayuda porque, aparte de los envíos del Gobierno, muchas entidades trajeron por su cuenta alimentos, medicinas y material de emergencia. Hasta Puerto Príncipe han venido juntas de vecinos con suministros de los más recónditos puntos de la República Dominicana.

Según el embajador dominicano, Rubén Silié Valdés, la ayuda más necesaria que prestó su país fue la atención a los heridos: cuando todo un pueblo se une, la generosidad se desborda. “Vinimos aquí con ambulancias, recogimos a los heridos y los trasladamos a hospitales de nuestro país cercanos a la frontera, los más graves eran llevados a Santo Domingo. Pudimos atender a miles”. El diplomático destaca que desde casi el inicio hemos distribuido de manera directa 100 mil raciones diarias de comida. “Ahora ayudamos al restablecimiento de telecomunicaciones con la instalación de una red de emergencia; también alimentamos a los dos mil trabajadores de las compañías de teléfonos haitianas”.

La embajada dominicana alertó a la opinión pública de su país de la magnitud de la catástrofe, con miles de muertos. El Gobierno envió de inmediato helicópteros con medicinas, que, de regreso, evacuaban a heridos. Llegaron decenas de ambulancias de pueblos fronterizos. Dos días después del seísmo, el presidente Leonel Fernández viajó a Puerto Príncipe con todo tipo de suministros. Además, convocó una reunión en Santo Domingo para promover la reconstrucción de Puerto Príncipe.

A la hora de la solidaridad, los dominicanos olvidaron las rencillas históricas. En 1822, poco después de su independencia, la República Dominicana fue invadida por el general haitiano Charles Boyer. La ocupación duró hasta 1844. Estos años de sometimiento son recordados por los dominicanos como la época del yugo haitiano. Incluso pidieron volver a ser colonia de España con tal de liberarse de sus vecinos.

Ese episodio histórico ha pesado en las relaciones entre los dos países. Los haitianos también tienen una larga lista de agravios. El peor, el asesinato por el dictador Trujillo de más de 30 mil inmigrantes por el mero hecho de ser negros. Para averiguar si eran dominicanos o haitianos, el ejército les obligaba a que dijeran la palabra perejil. Si no sabían pronunciar la jota, quedaban sentenciados a muerte. Los historiadores hablan de que pudieron morir más de 30 mil haitianos. Trujillo también asesinó a muchos dominicanos durante su dictadura.

El ministro consejero de la embajada, Pastor Vázquez, insiste en que esas diferencias históricas han sido superadas. “En tiempos de Trujillo se nos educó en una tergiversación de la historia, nos decían que los haitianos eran enemigos, que Haití era un peligro. Eso mismo fomentaba la dictadura de Duvalier en Haití”, dice.

El diplomático señala que la solidaridad hacia los damnificados muestra que los dos pueblos son hermanos. “Hay extremistas que dicen que los dominicanos somos racistas, que no queremos a los haitianos. Esta catástrofe evidencia lo contrario. Somos un pueblo multirracial, Haití y la Dominicana pueden caminar juntos, con distintas lenguas y culturas”, señala Pastor Vázquez.


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