Hace solo dos días, la Cámara de Comercio Industrias y Agricultura de Panamá recibió en su sede la visita del actual contralor general de la República de Panamá y créanme que fue muy reconfortante escuchar, de viva voz a Federico Humbert Arias hablar de manera clara sobre el cambio radical que le ha dado a esa institución en los pocos meses que lleva al frente. Esto me recuerda los viejos tiempos, cuando los trabajadores sentían orgullo por pertenecer a esa entidad. En otras palabras, le devolvió el brillo que nunca debió haber perdido.
Lo primero que noté en su presentación, y que me impresionó, fue ver el personal tan profesional con que cuenta en su cuerpo directivo, sin menospreciar la base de la pirámide de la institución. Por ello, no tengo la menor duda de que su trabajo será fructífero e imperecedero en el tiempo. Se requiere rescatar esta entidad del Estado, que en los últimos cinco años sufrió un deterioro aterrador por las cosas que allí pasaron, pero que estoy seguro no volverán a suceder, a menos que los futuros gobiernos tiren por la borda las medidas que se aplican ahora para evitar el desgreño administrativo, que las finanzas del Estado vuelvan a ser presa de la desidia y el desgobierno, y regresemos al pasado no para mejorar, sino para destruir estos avances.
Me llamó la atención que, en su disertación, Humbert señaló que el pueblo en general desconoce mucho el trabajo que realiza la Contraloría y –como no investiga– repite, cual papagayo, verdades a medias, como aquella de que el país no anda porque la Contraloría no refrenda nada y las obras se detienen. Lo único cierto es que arreglar todas las irregularidades que se encontraron tomará algo de tiempo. Por eso, necesitamos una dosis de paciencia y comprender que, de no hacerlo así, el remedio sería peor que la enfermedad. Además, muchos de los nuevos actores del Gobierno carecen de suficiente formación en el manejo de la cosa pública y, tal vez, consideran que todo lo que envíen a la Contraloría debe ser refrendado. Pero si no siguen los procedimientos establecidos en la “nueva Contraloría”, todo se detendrá. Si de algo estoy seguro es que este contralor no firmará nada que no esté en regla. Primero porque él cuida las arcas del Estado, algo que aplaudo, y segundo porque su nombre y prestigio están en juego, y si toma decisiones apresuradas pasará a la historia como un irresponsable.
Recomiendo que a los nuevos funcionarios del equipo de Gobierno se les dicten seminarios de cómo tramitar en la Contraloría General de la República, para que sus documentos y proyectos no se detengan y, por ende, no perjudiquen al gobierno del presidente Juan Carlos Varela. Así evitaremos los show mediáticos en la prensa radial, televisiva y escrita, que lo único que logran es alimentar el morbo ciudadano y deteriorar la imagen del país.
Algo muy positivo que también mencionó Humbert es la discrecionalidad con que se maneja la institución ante los hechos que vivimos ahora, pues las famosas auditorías forenses y ordinarias son vitales para que el pueblo empiece a creer que se hará justicia cuando los dictámenes de estas arrojen los resultados que todos esperamos, en razón de los malos manejos de la cosa pública que tanto daño hicieron a nuestro país.
Una de las cosas más importantes que se ha vuelto a implementar y que existía en administraciones anteriores es el control previo. Algo muy positivo, porque vino acompañado de rebajas en los montos a refrendar para futuras contrataciones por parte de los funcionarios encargados de las revisiones, lo que le devuelve a la institución el verdadero rol de su existencia. Con esto se evita la fugas de dinero a lugares a los que no debe llegar.
Sería muy largo plasmar en este artículo todo lo que aprendimos los miembros de la Cámara de Comercio durante la visita del contralor, pero quedé convencido de que será difícil que le puedan colar goles dirigidos a estafar las arcas públicas. Además, ese cuento de que el país no avanzará por estar investigando el pasado es como el canto de sirenas, pues las investigaciones que se realicen para aclarar lo actuado, así como lo que se haga para avanzar irán de la mano y, al final, ambas cosas terminarán bien hechas. Lo más importante es que la Contraloría volverá a ser –como dije– una institución modelo, por el bien del país.
Para terminar, solo me resta felicitar al contralor, desearle el mejor de los éxitos y que no desmaye en el momento histórico que le ha tocado vivir, por el rescate del país y la entidad que lidera.

