Con la ratificación en el Senado del tratado de reducción armamentista con Rusia, Barack Obama se apuntó el miércoles un éxito triple.
Primero, la ratificación con 71 votos a favor y 26 en contra envía una señal a Moscú: la normalización de las relaciones, que en 2008 pasaron por uno de los peores momentos desde el fin de la guerra fría, va en serio.
Segundo, los planes de desarme del Presidente de Estados Unidos, la utopía de un mundo sin armas nucleares, ganan credibilidad, aunque el paso sea minúsculo. El tratado también es un mensaje a Irán y a Corea del Norte.
Y tercero, Obama recupera el pulso. La adopción del tratado su prioridad en política exterior es la tercera victoria del presidente en una semana, tras la adopción de un acuerdo fiscal que debe estimular la economía y la revocación de la ley que marginaba a los homosexuales en las fuerzas armadas.
Para ser ratificado, un tratado internacional necesita el respaldo de dos tercios del Senado. Es decir, 67 votos. Los demócratas disponen de 58. De ahí la búsqueda agónica en los últimos días, por parte de la Casa Blanca, de apoyos republicanos.
La sucesión de victorias legislativas –empañada por la derrota de una ley que abría las puertas a la legalización a jóvenes sin papeles– se ha producido en el Congreso saliente, aún dominado por los demócratas. En enero llegarán los senadores y representantes que ganaron en las elecciones de noviembre. El nuevo Congreso, con los republicanos con mayoría en la Cámara de Representantes y reforzados en el Senado, habría dificultado abrir las fuerzas armadas a gais y lesbianas y la adopción del Start. Esta ha sido la sesión poselectoral del Congreso más productiva en décadas, celebró Obama en una rueda de prensa antes de volar de vacaciones a Hawaii. No estamos condenados a la parálisis infinita, añadió exultante.
En 2010, en un momento en que casi nadie percibe un riesgo de choque nuclear entre EU y Rusia, los tratados sobre armas suenan a anacronismo. The Wall Street Journal calificó el Start de artefacto irrelevante. El tratado prolonga el primer Start, que se adoptó en 1991, durante la presidencia de George Bush padre, y expiró en diciembre del 2009. El nuevo Start reduce en un 30%, hasta mil 550 por país, el número de cabezas nucleares y limita a 700 el número de vehículos lanzamisiles. El 95% de las armas nucleares mundiales se encuentra en manos de EU y Rusia; Estados Unidos es el único país que ha lanzado la bomba atómica sobre población civil.