PARIS, Francia. El paisaje de colores fuertes y luminosos en el que se ve un tren en tonos naranjas y azules delante de un cielo verde es del año 1888. Wagons de chemin de fer (Vagones de tren) se llama esta obra de Vincent van Gogh, que puede admirarse en la Fundación Angladon-Dubrujeaud en Aviñón.
Pero esta obra maestra no es la única que se expone en la fundación creada en 1996 en el sur de Francia. Junto al cuadro impresionista Deux danseuses (Dos bailarinas) de Edgar Degas, cuelgan naturalezas muertas de Paul Cézanne y melancólicos retratos de mujeres de Amedeo Modigliani.
Como esta fundación, existen incontables museos en el soleado sur de Francia que poseen obras muy valiosas y un pasado muy rico, como la casa de vacaciones de Le Corbusier o los museos en Saint-Tropez y Céret.
Las obras que cuelgan en la Fundación Angladon-Dubrujeaud pertenecieron al diseñador de moda Jacque Doucet (1853-1929), que las compró siguiendo las sugerencias del escritor surrealista André Breton. Entre otras, compró el famoso Les Demoiselles d'Avignon , de Pablo Picasso, que años después volvió a cambiar de dueño.
Tras la muerte de Doucet, la valiosa colección fue a parar a manos de sus herederos, que décadas después transformaron la casa señorial Massilian, construida en el siglo XVII en pleno centro de Aviñón, en una fundación, en la que se exponen en dos plantas obras maestras de los siglos XIX y XX.
Como un Quién es quién del modernismo clásico puede leerse el catálogo del museo de arte de Céret, ubicado cerca de Perpignan. La colección consiste en mil 600 obras, entre ellas, obras maestras de Picasso, Marc Chagall, Juan Gris, Auguste Herbin, André Masson y Henri Matisse.
La pintoresca ciudad, que cuenta hoy con 7 mil habitantes, fue descubierta por el artista catalán y amigo de Picasso Manolo Hugué, que se trasladó allí en 1909. Solo pocos meses después, también Picasso fue seducido por el encanto de la localidad en los Pirineos fundada por Carlomagno.
El maestro del cubismo era cliente habitual del Grand Café, donde dibujaba sobre servilletas y trozos de papel mientras los habitantes del pueblo lo miraban con desconfianza. También Chaim Soutine era considerado un poco perturbado, cuando vestido con su pantalón de trabajo azul repleto de manchas de pintura colocaba su caballete en la Plaza de la Libertad y pintaba los enormes plátanos en colores brillantes.
Entre las perlas de los museos del sur de Francia figura también el Annonciade, en Saint-Tropez, ubicado directamente junto al puerto del lujoso pueblo. La colección abarca un total de 380 pinturas de Picasso, Paul Signac, André Derain, Georges Braque, Henri Matisse y otros artistas que vivieron o trabajaron en la localidad de pescadores.