[CARTAS DESDE EUROPA]

Pagando los platos rotos

Tiempos hubo en que las ONG, por el hecho de serlo, merecían un crédito y una simpatía a priori aunque solo fuese porque proclamarse no gubernamental es todo un valor positivo...

Pena dan los filósofos kantianos de salón proclamando su superioridad moral al sostener que no se debe negociar jamás con los terroristas. Se trata de un asunto que ha cobrado fuerza polémica en España tras la noticia de que es harto probable que la liberación de los rehenes atrapados en Mauritania se lograse pagando un rescate.

Las sentencias absolutas, aquellas que comienzan por un “jamás”, dejan de serlo a poco que el moralista justiciero se ve implicado de manera personal en el asunto. Estar contra la pena de muerte así, en abstracto, es fácil; reiterar el rechazo cuando a uno le han secuestrado, violado y asesinado a un hijo resulta bastante más heroico y plausible, si es que semejante cosa se puede lograr.

Así que los neokantianos del no a la negociación sean cuales sean las circunstancias tienen el mismo crédito que el espectador de los deportes olímpicos cuando, desde el sofá, determina que un atleta está bajo de fondo. A los ciudadanos nos gusta mucho leer nuestras palabras y oír el sonido de nuestra propia voz.

Cosa distinta es decidir quién tiene que cargar con las responsabilidades y, de paso, con la factura en un episodio así. De nuevo aparece el fantasma de lo absoluto, porque en el asunto del secuestro estaba una ONG implicada, pero la franquicia que conceden las siglas alusivas a las organizaciones no gubernamentales necesita de una urgente revisión.

Tiempos hubo en que las ONG, por el hecho de serlo, merecían un crédito y una simpatía a priori aunque solo fuese porque proclamarse no gubernamental es todo un valor positivo habida cuenta de la imagen pública que padece cualquier gobierno. Pero hora es de entender que entre las ONG, igual que entre los contrabandistas, hay grados. La Cruz Roja es una ONG.

La que envió a los cooperantes españoles a Mauritania, también y ahí se terminan los rasgos comunes. El problema consiste en que tras la meritoria asociación de Médicos sin fronteras se ha colado todo tipo de grupo similar, como si las palabras lo fuesen todo y la negación del pasaporte constituyese garantía de algo.

El sin fronteras de turno puede poner en peligro no solo la salud y libertad de sus compañeros sino, mucho peor aún, los recursos políticos y económicos del Estado. Porque tal vez haya que admitir la negociación con los terroristas en según qué casos, pero lo cierto es que será a costa de un precio, por lo general muy alto, que hay que pagar en el cambalache.

La Secretaria de Estado que se encarga de los asuntos de cooperación internacional en España ha pedido que no se organicen más caravanas solidarias. Igual es el momento de dar un paso adelante y exigir que desaparezcan las ONG que no tengan detrás una solera y un oficio demostrado desde hace muchos años.


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