Paquidermo y realidad

Tres sabios. Ciegos. Entre ellos no se conocen y viven en lugares equidistantes. Buscan el Sagrado Elefante Blanco. Se deparan ante él. Oyen y huelen su presencia. Uno le agarra la trompa y entra en éxtasis; otro se abraza con fuerza a una de las patas del paquidermo, y el tercero se aferra a una de sus orejas.

Ante tal verificación, la experiencia es relatada por cada uno ante sus familiares y amigos. La verdad es rugosa y flexible; la verdad es dura y semeja el tronco de un árbol; la verdad es fina y se mueve como el viento. Cada sabio crea su religión y se dedica a predicar cada una de sus verdades. Tocaron la divinidad, pero no la totalidad. Erraron esos sabios.

Así empieza Raúl Leis su módulo en el Diplomado Estándar Periodístico Medcom, dictado en septiembre pasado. Es muy difícil -intenta convencernos desde el inicio- analizar la realidad, si bien el norte de un periodista es encontrar la totalidad del elefante. Una utopía. En la línea Por un mundo posible, que él proclamó en su ideario político y personal, así como en su contribución, en distintas esferas, a nuestra sociedad.

Escritor, maestro, sociólogo y comunicador social, Raúl, de salida, admite que, con frecuencia, aquello que hallamos no es la verdad que queremos. Es un mosaico, que es armado de acuerdo a la experiencia y formación social personal de cada uno. Al marco de referencia particular. Ni la ciencia más pura y exacta está libre de valores. Que tire la primera piedra. Ante cada nuevo invento o descubrimiento -pensemos en la reconstrucción e identificación del genoma-, estallan en mil pedazos creencias e ideas que fueron, por siglos, sacrosantas. Se crean nuevas visiones.

Buenas noticias: por más que se pretenda encerrarlo en una urna ultrasellada, el poder no es monolítico, reflexiona el sociólogo.

Recabemos la mayor cantidad de información para intentar entender este mundo complicado. Propone como herramienta de análisis la espina de pescado. La dibuja en el tablero, no sale mal, aunque se ríe, antes de expresar. “Ustedes se la imaginan cómo es”.

Diagrama creado por el doctor Kaoru Ishikawa en 1943, en pleno furor de la guerra, la espina de pescado es una representación gráfica con una columna central, línea en el plano horizontal, que representa un problema analizable.

Machi, un kuna en la ciudad, la versión digital de su obra publicada en 1992, nos la ha puesto a disposición, de antemano.

Para entender la realidad panameña, debe conocer sus etnias. Las indígenas han sido puestas de espaldas, critica. Nos habla de sus experiencias con la cultura kuna y también ngäbe, y sus hallazgos sociológicos.

El análisis se tropieza con el estereotipo. La imagen trillada. El prejuicio. Poca información para entender la realidad. No solo entenderla, sino adoptar decisiones. Patrones errados, creencias ilógicas, limitantes de la creatividad. Ignorancia.

El indígena en la ciudad es ciudadano de segunda clase, se le considera atrasado, si bien es portador de una vasta y rica cultura milenaria.

“Yo no soy indio. Ni soy afro americano. Ni soy mujer. Ni soy sindicalista. Nadie me preguntó que quería ser. Ni dónde quería nacer. Pero eso no me hace ajeno a la humanidad, sino más bien intentar ser profundamente solidario día a día”, aclara Raúl en Machi.

Ocho días antes de apagarse y lleno de optimismo, en una improvisada reunión con Carlos Aguilar, recomendó derroteros metodológicos y creativos, y su sonrisa ancha ratificó su adhesión al proyecto académico-profesional.


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