Hace poco, me contaba una persona amiga la experiencia que vivió en un lugar de la costa de Bocas del Toro, en donde pasó unos días. No mencionaré el lugar, para no confundir el tema con otros aspectos del debate actual. El lugar, como la mayor parte de la costa se enfrenta a los vientos alisios entre diciembre y abril, de tal manera que el oleaje es impresionante y prácticamente inhibe el deseo de pescar, cuyo producto representa una de las pocas fuentes de proteína de que dispone la población.
En otras épocas, es probable que la cacería en la montaña substituyera esas necesidades, hoy casi no hay cacería. La zona cuenta con una población numerosa de indígenas ngöbe, los más jóvenes dedicados a la pesca de langostas que venden a las empresas nacionales, y los más viejos, a la agricultura de subsistencia, dedicando muy poco de estos productos al consumo interno.
La distancia de los principales puntos de referencia administrativa, desfavorece el apoyo y el interés de las autoridades administrativas en casi todos los rubros, salud, educación, economía. Actualmente podría decirse que es tierra ignorada.
La pobreza es evidente. La dificultad para obtener alimentos se refleja en las condiciones de la mayor parte de la población que está expuesta a muchas carencias, sobre todo, por los problemas de una economía cada vez más dependiente de los productos externos. Hoy casi no tiene producción ganadera, cuando hasta hace menos de seis años había no menos de 200 cabezas de ganado. ¿Qué ha pasado?
Cuando yo visité esa comunidad la primera vez, siendo estudiante de la universidad, me pareció un lugar hermoso con muchos recursos. La gente comía bien, a pesar de su pobreza material. Las casas eran de madera sobre horcones, con paredes de caña blanca y techo de paja. Hoy eso está cambiando, pero con costos altos.
Los cambios políticos de los últimos años han convertido a la región en parte de un nuevo sistema político administrativo por el que lucharon los dirigentes indígenas de las décadas de 1970 y 1980. Esto se convirtió en la comarca Ngöbe Buglé, cuya categoría administrativa tiene la misma jerarquía de una provincia, con su gobernador comarcal. Las autoridades locales y las autoridades del Congreso Ngöbe Buglé son elegidas por votación, pero los otros, son designados por el Gobierno.
Durante las elecciones pasadas fue la primera vez que los habitantes eligieron a sus representantes dentro de sus propios límites políticos. Las soluciones tardías del Estado actúan en contra de las oportunidades de la comunidad indígena, debilitando sus potencialidades.
En una región históricamente huérfana de dirección política, el proceso de aprendizaje de las artes políticas para la administración tiene el riesgo de quedarse en las artes políticas para manipular el poder de manera egoísta. Nada diferente a la política nacional. De hecho, los partidos han fragmentado aún más una sociedad ya de por sí fragmentada en numerosas esferas de luchas internas, familiares, religiosas, personales, intercomunitarias, todo lo cual amenaza con la coherencia mínima necesaria para el buen gobierno interno, y aún más, para garantizar la viabilidad de lo que para algunos es un experimento de descentralización, de autogobierno indígena, dirigido al fracaso. La negligencia parece no ser un producto del burocratismo indiferente, sino una actitud dispensada conscientemente, propia de un racismo latente en la cultura panameña.
Cuando trabajé en Inrenare (hoy Anam), leí la nota de un funcionario regional que se quejaba de los indios por ser muy prolíficos. Aparte de hacerle la crítica por su actitud etnocéntrica, podría decirse que sí: tener muchos hijos es probablemente una estrategia. En condiciones de precariedad tener un hijo es ninguno y dos o más es tal vez una manera de evitar el desastre al futuro.
El deseo de los dirigentes indígenas para consolidar su poder administrativo transó con el Estado soluciones–parche en la administración de la salud, dejando el centro administrativo en San Félix, en la vertiente del Pacífico, pero dejando la vertiente norte dependiente de este centro de autoridad, cuando pudo haberse logrado uno secundario en algún punto estratégico de la costa. Resultado: poco apoyo a los servicios de salud para la comunidad. ¿Cómo mover un picado de culebra, si no se tiene ni el bote ni el motor, ni se cuenta con las vacunas? o ¿Cómo atender zonas tan amplias, cuando el costo de la gasolina oscila entre los tres y cuatro dólares el galón?
La comunidad indígena lucha entre la modernización y sus deseos de ser ella misma –con su historia y lo más valioso de su cultura– pero expuesta a factores que no controla, como las estrategias del poder, que cuenta con el fracaso de los intentos de desarrollo a lo ngöbe y a lo buglé.
