Eduardo Espino Nuestro país ha vivido situaciones extremas, resultado de la intransigencia y falta de diálogos fructíferos y bien intencionados con los cuales se pudo haber ahorrado pérdida de tiempo, dinero y, más aún, de vidas humanas. El pueblo panameño ha experimentado más recientemente, en carne propia, lo que es llegar a circunstancias radicalizadas con lo acaecido el día de la invasión estadounidense en 1989. Un grupo político evitó a toda costa un acuerdo o consenso que llevara a una salida viable, elegida por panameños, a la gran crisis económica y social de aquellos momentos tan desgraciados.
Una situación parecida, pero en otro escenario histórico, vive Panamá actualmente. Se trata de encarar la difícil realidad económica causada por varios factores ya ampliamente descritos por distintos economistas responsables (hay algunos adictos a falsear realidades), que pueden resumirse en factores de orden interno y externo.
En todo el mundo se impone como necesidad la cultura del diálogo y la resolución de conflictos pacíficamente, aun cuando en situaciones muy excepcionales se requiera del uso de la fuerza legítima para vencer obstáculos a la paz colocados por quienes tienen como filosofía de su existencia personal o política la destrucción de la humanidad o de civilizaciones enteras.
Esta cultura de la mediación y la negociación para la paz tiene su fundamento psicológico, histórico y antropológico en los procesos del pensamiento y de elaboración de alternativas, dentro de un contexto sociopolítico determinado.
Hace unos 2 mil 500 años, Platón, Aristóteles y Sócrates dotaron a la civilización occidental de un sistema de lógica del pensamiento basado en el análisis, la argumentación y los juicios deductivos. Este ha sido el método de aproximación y búsqueda de soluciones a los problemas diarios de la vida personal y colectiva de los hombres, y que llegó a su expresión máxima moderna con el positivismo y el cientificismo, que extrapolado a lo institucional fueron la base de las burocracias gubernamentales; supuesta forma de administración racional de los recursos, conducida ésta por élites de sabios o notables intelectuales.
Las cosas han cambiado mucho hoy. Vivimos en un mundo en el que todo es objeto de crítica y evolución rápida. La inestabilidad y la convulsión se apoderan de la humanidad. Es natural estar inconformes de algo o de alguien.
Nuestro modo aristotélico-socrático de pensar en función de encontrar la razón última y verdadera de todo, nos lleva a la confrontación en no pocas ocasiones. Necesitamos diseñar nuevas formas de pensar que nos posibiliten avanzar en la resolución de conflictos, a partir de posibilidades paralelas, eliminando las percepciones de blanco o negro o de buscar la lógica de las cosas humanas.
Edward De Bono, psicólogo y estudioso de estos temas, propone la búsqueda de valores y alternativas en el enfoque de los problemas. Se puede decir que todos o casi todos los problemas que podían resolverse por la lógica aristotélica-socrática ya se han resuelto. Lo que se requiere, según de Bono, es aceptar todas las posibilidades sin juzgarlas, situarlas en paralelo y evaluar equilibradamente todas las versiones resultantes, aunque algunas de ellas entren en contradicción. De esta manera se percibirá en toda su extensión y complejidad los asuntos del mundo de hoy. Así, el pensamiento paralelo es una manera de aplicar la inteligencia emocional y la solución creativa y práctica del actual estado de cosas. Hay técnicas especiales para sobrellevar, por medio de este sistema de pensamiento, el abordaje de conflictos a nivel familiar y social.
La arrogancia complaciente del pensamiento occidental está en decadencia y se ha convertido casi que en una religión, y nos obliga a enfocar los problemas con miras a ganarle al razonamiento del otro y vencerlo; es lo que ha predominado en la práctica tribunalicia de nuestras sociedades para la resolución de conflictos interpersonales; y esto es la semilla del fanatismo que no debe confundirse con la exposición apasionada de una opinión.
Los paradigmas tradicionales de la controversia y los juicios deductivos en pos de la verdad racional, deben ser complementados y sustituidos en muchas ocasiones por los paradigmas de la creatividad mental y la inteligencia emocional en el manejo de conflictos. Se puede ser un gran conocedor de un aérea del conocimiento humano, pero a la vez ser un pésimo y maligno administrador o gobernante, creador de caos y enconos destructivos o paralizantes para la sociedad entera; una especie de idiotas emocionales. El cambio social será mejor conducido si cambiamos patrones de cómo enfocar los problemas.
